CAMBIEMOS EL CAMBIO CLIMÁTICO

Es uno de los principales problemas de estos tiempos y requiere del accionar de todos, especialmente de ustedes: las nuevas generaciones, los jóvenes, los líderes del mañana. Tomar conciencia de su rol en la lucha frente al cambio climático marcará un antes y un después en la forma en la que el ser humano continuará relacionándose con el ambiente que lo rodea. Por eso, dedicamos estas páginas para darles algunos consejos. Pero no se los doy yo ni el equipo de la revista, sino otros jóvenes (como ustedes) que ya están trabajando al respecto alrededor del mundo.

Por Tais Gadea Lara 

Lluvias más frecuentes. Inundaciones en 11 provincias en paralelo. Tormentas más intensas. Temperaturas que alcanzan los 24°C en pleno invierno. Quien quiera pensar que estos hechos son ocasiones aisladas, que nada tienen que ver con nuestra forma de vida, que se mantienen totalmente ajeno al impacto que generamos en el planeta; estaría yendo en contra de más del 90% de la comunidad científica internacional. ¿Por qué?

Conforme el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que reúne a expertos de diferentes partes del mundo, “el cambio climático es un cambio en el clima atribuido, directa o indirectamente, a la actividad humana”. Es decir, lo que hacemos tiene un impacto. No significa que ese impacto lo hayamos hecho con mala intención, pero efectivamente genera una consecuencia en la naturaleza.

La Revolución Industrial marcó un antes y un después para la historia de la humanidad: desarrolló el transporte y las industrias, favoreció a la imprenta, posicionó al sector textil y fue el puntapié para la concentración de la población en las ciudades. Los cambios se realizaron de forma acelerada y con una base común: la explotación de combustibles fósiles (como el petróleo y el carbón). Ello generó consecuentemente un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) que incrementó la temperatura de la superficie del planeta Tierra. ¿Qué significa esto? Que si encendemos una lamparita y la fuente energética proviene de la quema de carbón estamos generando emisiones de GEIs. Que si elegimos ir en auto al colegio en lugar de en bicicleta estamos generando emisiones de GEIs. En definitiva que con la mayoría de nuestras acciones, estamos ocasionando un cambio en el clima.

La modificación ha sido tal que los impactos comenzaron a hacerse sentir en todo el mundo. La breve descripción de lo que ocurrió en estos últimos meses en Argentina al iniciar este artículo es simplemente un reflejo de ello. Por ello, durante más de 20 años, los representantes políticos de todo el mundo vienen reuniéndose para hacer frente a lo que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, ha denominado como “el principal desafío de este siglo”. En diciembre de 2015, se llegó a un consenso con la firma del denominado Acuerdo de París. Su principal objetivo, entre muchos otros, es lograr que el aumento de la temperatura de la superficie de la Tierra no supere los 2°C para 2100. Lo que parece allá muy lejano en verdad debería preocuparnos: hoy ese aumento es ya superior al 1°C. Por lo que es obvio: ¡debemos actuar!

Más allá de las negociaciones políticas y las medidas que tomen los gobiernos, los jóvenes deben participar activamente en la lucha frente al cambio climático pues lo que está en juego es, en definitiva, su presente y su futuro. Al respecto, la joven Randa Al-turabi, de la Organización Sudan Alpha Team (ATO) en África, asegura: “La juventud será la que generará conciencia sobre los desastres del cambio climático y de la industria de los combustibles fósiles. Ello llevará a nuevas futuras generaciones que buscarán hacer uso de las energías renovables y salvar al ambiente de la degradación y la deforestación”.

Según Joyce Penagos, líder ambiental de Brasil y miembro del Colectivo Jovem da BP3, una de las claves está en buscar líderes juveniles en la región para comenzar a formar colectivos: “El lenguaje de un joven para otro joven es importante. Se deben presentar casos de éxito protagonizados por jóvenes alrededor del mundo o en el país en cuestión y crear guías de aprendizaje enfatizando en la necesidad de la acción juvenil en cuestiones climáticas”. Es decir, de lo que habla Joyce es de empoderar a jóvenes para que implementen prácticas conjuntas en sus respectivos espacios.

Al respecto, la joven estudiante de Ingeniería Química de Jartum, Sudán, Lina Yassin se muestra contundente sobre la participación activa de la juventud en la lucha ante el cambio climático: “Los jóvenes pueden jugar un rol crucial en la acción climática uniéndose a o generando movimientos que generen presiones sobre los tomadores de decisión para que consideren la opinión de los jóvenes en sus determinaciones sobre el ambiente”.

Hay otro actor que Joyce considera fundamental: la universidad. En base a su experiencia en el campo de la mitigación y la adaptación al cambio climático, se pueden establecer grupos de trabajo para compartir conocimiento entre lo generado en los colectivos juveniles y las teorías del sector académico. Al respecto, el estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Asunción (Paraguay), Rodrigo Arias, destaca la labor de las instituciones educativas: “Desde las escuelas se debe incluir una currícula enfocada a la realidad sobre cambio climático de sus jóvenes. Es decir, cómo afecta el cambio climático a sus comunidades en el corto, mediano y largo plazo”.

La idea de Rodrigo es clara: trabajar desde las aulas si en tus ámbitos cotidianos el cambio en el clima afecta al agua o a los alimentos, desarrolla vectores de propagación de enfermedades o provoca eventos extremos cada vez más intensos. Así lo vive también Damayanti Prabasari, de la organización Kebumen Social Care, que ve cómo ciertas regiones de su país, Indonesia, se ven afectadas por los impactos de las catástrofes climáticas. La concientización de la ciudadanía es, para él, fundamental para actuar y en ello los jóvenes deben cumplir su parte.

A partir de ello, y siguiendo la línea propuesta de colectivos juveniles, es fundamental conocer otros casos de éxito ante problemas similares para poder implementarlos en su comunidad. Sólo por citar un ejemplo: cómo reducir el impacto a través de los alimentos que consumimos. ¿Compramos frutas locales o aquellas que provienen de otros países y contaminan durante su traslado? ¿Cómo se podría beneficiar y favorecer a los productores locales?

Eso inmediatamente derivará en el vínculo con un actor fundamental: el sector privado, es decir, las empresas. Según Rodrigo, es fundamental que “identifiquen si hay industrias extractivas -tales como las asociadas al petróleo o la minería- y elaboren proyectos para beneficiar a sus comunidades, por ejemplo, a través de la creación de espacios verdes”.

Para Joyce, tampoco es que se trata de mantener a la juventud alejada de la política. El considera que este eje es fundamental en la participación activa de la juventud en la acción climática: “Los jóvenes deben comprender la realidad local, por ejemplo, mapeando las necesidades puntuales. Así podrán promover soluciones y comprometer a las autoridades locales a través de, por ejemplo, una carta”. En este sentido, Rodrigo agrega: “Los jóvenes conscientes y sensibilizados deben reunirse a trabajar con el Estado para que exija a las empresas la implementación de tecnologías menos contaminantes, sea a través de un impuesto por las emisiones generadas o una multa en caso de incumplir las leyes ambientales vigentes”.

Y nunca hay que olvidar una herramienta fundamental en estos días: las redes sociales. Comunicar, hacer sentir tu voz, mostrar tu compromiso con la causa y convocar a otros a que se sumen a cambiar aunque sea un pequeño hábito para pasar a la historia como aquella generación que cambió el cambio climático. Lina lo sintetiza: “Necesitamos levantarnos como uno. Y eso no pasará a menos que generamos la suficiente conciencia sobre el tema en todas las regiones, por eso necesitamos trabajar en la educación climática”.