El arte de publicar contenidos positivos

Ese es el propósito de Monoblock, un emprendimiento argentino que materializa mensajes constructivos e inspiradores a través de objetos ilustrados para la vida diaria. Su cofundadora, Vik Arrieta, analiza el impacto de las redes y brinda consejos sobre cómo sacarles el mejor provecho para los propios proyectos, pero también para el día a día en nuestros ámbitos personales. Emprendedora, autora del blog Happimess, mamá de Astor y apasionada de la energía positiva, una charla con una instagrammer que no pierde lo más preciado por unos likes de más: disfrutar la vida.

Por Tais Gadea Lara

A partir de tu experiencia en redes sociales, ¿cuáles son los principales desafíos que se presentan para los emprendedores?

Las redes sociales tienen muchas aristas, depende desde qué lugar se tomen. Por un lado está el tema de la privacidad: a veces se lo puede considerar como algo a favor, pero también es algo para aprender a cómo gestionar. Recientemente en un workshop, una de las preguntas recurrentes era “cómo manejo mi perfil para que pueda contar mi proyecto y mi vida personal, si tengo que separarlo o no”. Eso siempre plantea un problema porque el universo empresarial dentro de las redes sociales tiene cierta lógica, pero las redes sociales en su origen presentan otra. Por otro lado, yo no soy muy entusiasta de dejar toda nuestra comunicación librada a las redes. ¿Por qué? Porque tendemos a hablar de redes como si fueran algo estructural general y no, son empresas que tienen un interés concreto, no se trata solamente de conectar personas.

En relación con ese interrogante que tanto se repetía en el workshop, vos expusiste algo tan personal como tener un hijo, pero de una forma original de compartir experiencias con tus seguidores y ofrecer consejos, ¿por qué decidiste hacerlo así?

El tema de las redes sociales en mi vida personal siempre me plantea una pregunta en sí misma. Le tengo mucho respeto a los límites de lo que comparto y no comparto. Uno de los criterios tiene que ver con eso: qué puedo difundir que sea de utilidad para mi audiencia. Siento la responsabilidad de ser mi propio medio y tener una cierta bajada editorial de lo que hago. No es fácil por las particularidades propias que tienen las redes sociales. Además de eso, hay una relación de feedback muy directo con la audiencia, por lo que muchas veces uno tiene ganas de compartir. Uno conoce a la gente del otro lado. Mi parámetro es ese: compartir algo que sea útil para el otro o que despierte algún tipo de emoción o inspiración. A veces es un contenido más liviano, otras veces es un poco más pesado, pero porque la vida misma es así y tiene distintos niveles de profundidad.

Desde el emprendimiento de Monoblock, ¿cómo supieron aprovechar las redes sociales a los objetivos del proyecto?

Cuando arrancamos Monoblock, las plataformas digitales no estaban tan desarrolladas: Facebook recién comenzaba a dar sus primeros pasos y tenía mucho más que ver con conectar y formar comunidad. En un principio, incorporamos Facebook de una manera muy orgánica porque llevábamos al terreno de lo virtual lo que nosotros estábamos ya haciendo en el ámbito de lo real. Por ejemplo, cuando lanzábamos colecciones, hacíamos muestras, invitábamos a los artistas, nos juntábamos, había instancias de conexión real con nuestro público. Lo que nos permitió Facebook fue seguir ese vínculo de forma online hasta el próximo encuentro. Después empezaron a aparecer todos los cambios en las redes sociales que nos implicaron otra dinámica: tuvimos que empezar a hablar de pauta, de hacer cuentas extrañas y cómo hacer para llegar a nuestra propia audiencia porque la propia herramienta nos estaba limitando la llegada. Nos acostumbramos a ir ajustándonos a lo que venía, a probar cosas nuevas todo el tiempo. La base radica en el valor de lo que comunicamos.

En ese valor, Monoblock se destacada por su diseño con sentido, ¿cómo se trabaja para a la vez que se ofrece una libreta para colorear se esté dando, por ejemplo, un mensaje de promoción de la igualdad de género?

Nosotros trabajamos en amplificar contenidos positivos para que la gente los pueda conocer, expresar e incorporar en sus vidas, a través de los distintos soportes que vamos encontrando funcionales para eso. Buscamos que esos contenidos se hagan visibles, se materialicen en objetos concretos: un mensaje en un póster, una tapa de un cuaderno, una frase en una agenda que te recuerda una idea. Trabajamos todo el tiempo para ver de qué manera podemos amplificar afirmaciones positivas. A veces surgen desde adentro del equipo, otras aparecen de la mano de autores que ya vienen trabajando algo. Desde que comenzamos con Pablo con los primeros cuadernos en 2007, ese fue el objetivo: todo lo que íbamos a hacer, iba a tener un mensaje positivo, de amor y libertad. A medida que fuimos creciendo, nos dimos cuenta que podíamos profundizar más en esos mensajes y darles más vuelo. Así fue como aparecieron distintas colecciones.

Mencionaste justamente a Pablo, tu actual marido, y muchas veces conocemos jóvenes que ya comparten sus proyectos con sus parejas como equipo, ¿es posible emprender en pareja?

Después de 10 años, obviamente diría que sí es posible. Pero en verdad la cuestión es que siempre es lo mismo para cualquier tipo de sociedad o equipo: uno puede emprender con otros y puede ser muy feliz en hacerlo con otros. Hoy somos más de 10 personas en el equipo y creo que lo más importante es que disfrutamos trabajar en equipo y emprender juntos. La base de todo es la comunicación y tener el propósito claro: por qué estamos trabajando y para qué.

¿Tu producto favorito de Monoblock?

Las agendas. Son una cosa muy extraña. Nadie puede entender que sigamos vendiendo algo que parece totalmente anacrónico. Hay muchas herramientas digitales y nosotros seguimos vendiendo agendas de papel. Pero creo que le dimos una vuelta y creamos algo tan lindo que es más allá de una agenda para organizar los días: es un diario, un cuaderno, un producto que está muy bueno.

¿Un consejo para los jóvenes emprendedores?

Que experimenten. Que hagan. Hablo con tanta gente que está congelada en la decisión de qué es lo que tiene que hacer, tratando de buscar el momento perfecto y seguro para lanzarse. La realidad es que la seguridad se gana en el hacer. Emprender es lanzarse y aprender de la prueba y el error. Si tienen ganas de emprender, no hay otra que hacerlo. Después se ve qué pasa. Las redes sociales sirven muy bien para testear si funcionan nuestras ideas para después, desde ahí, mejorarlas.

 

Tres publicaciones destacadas

  1. “Redes Peligrosas”.

Es un libro publicado por Vik Arrieta que analiza críticamente los alcances y los desafíos que supone el uso de las redes sociales, a través de un cuento de ficción dirigido a jóvenes. Acción, misterio y reflexión son los componentes protagónicos de un libro que vale la pena leer.

Se consigue en librerías del país.

  1. “Conquistá tu casa”.

Una publicación para descubrir el propio estilo para decorar tu hogar y crear una estrategia personal para tu casa. Desde la composición del espacio, el aprovechamiento de la iluminación y el reciclaje de muebles, María Tórtora ofrecre una mirada diferente sobre cómo sentirte bien en tu propio espacio.

Se consigue en Monoblock.

  1. “Feministas para colorear”

Un cuaderno para ponerle color a 35 mujeres que cambiaron el mundo, no por ser princesas, sino por ser heroínas en la lucha por la igualdad de derechos. Sus autoras, Carolina Aguirre y Eliana Iñiguez, crearon el libro que a ellas les hubiera gustado pintar cuando eran chicas. Cada ilustración para colorear va acompañada de un breve relato que cuenta la historia de vida de estas mujeres maravillosas.

Se consigue en Monoblock.