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Entrevista: CHULE VON WERNICH

Es una de las chicas del momento en las redes sociales. Su música la ha convertido en protagonista. Su profesionalismo y estilo ha sido valorado por los artistas de quienes reprodujo sus canciones con un estilo especial. Salió de Pehuajó con la idea de estudiar veterinaria en Buenos Aires y terminó reencontrándose con una pasión que nació desde chica: hacer música. Con miles de seguidores, múltiples videos con melodías únicas, una simpatía juvenil característica, y una capacitación constante en canto, piano y guitarra, Chule Von Wernich es una de las cantantes argentinas que promete un largo recorrido en el mundo musical.

Por: Tais Gadea Lara – Fotos: Loli Gortari

Tu carrera está creciendo mucho este último tiempo, ¿cómo lo estás viviendo?

Creo que es un momento de mucha alegría que, si bien crecimos muchísimo en muy poco tiempo, de acá en adelante tenemos un camino más marcado en el cual tenemos mucho por avanzar y por hacer. Tuvimos toda una primera oleada gracias a las redes sociales y a los seguidores que me dieron la oportunidad de decir “bueno, me dedico a esto, trabajo de esto y proyecto un futuro”. Es el comienzo justamente de un futuro, si podemos, mucho mayor. Estoy motivada.

Algunos te presentan como influencer, otros como instagrammer, ¿qué definición elegís vos?

Yo hago música. No voy a un evento como influencer. Eso, quieras o no, es trabajo, pero no es lo que yo hago. Hay muchos artistas o gente conocida que se hace una red social, tiene seguidores y lo contratan para ciertas cosas como un influencer. Si bien yo empecé por las redes y hago algunas cosas de influencer al estar en ese espacio, principalmente lo que hago es música.

Comenzaste cantando canciones de otros artistas, pero le das tu impronta a cada una de ellas. ¿Qué buscas transmitir a través de tu música?

Donde más se nota el cambio, o al menos es lo que más le impacta a la gente, es cuando tomo una canción de regeaton- que, por lo general, son cantadas por hombres y son muy rítmicas- y yo les agrego una voz femenina, dulce, en una versión más melódica. Mi versión tiene la misma melodía y la misma letra, pero está más lenta, más suave, pero a través de un contraste que llega a ser agradable y llama la atención.

Te gusta la música desde chica, de hecho has estudiado cuando eras pequeña. Sin embargo, cuando terminaste el colegio, no lo viste como una oportunidad laboral y viniste a Buenos Aires a estudiar veterinaria. ¿Por qué?

La música es una carrera poco convencional y tiene una salida laboral muy grande, pero que no es conocida. No necesariamente tenés que ser un artista que tiene tres discos y que llena no sé cuantos estadios por todos lados, para poder dedicarte a la música y vivir de eso. Es como decir, no tenés que ser el cirujano número uno para poder dedicarte a la medicina. El camino es ambiguo porque, cuando uno decide hacer música, es en verdad la gente la que decide. Dependés mucho de ese público. No vi la música como una opción laboral, porque no conocía ese mundo. No es que no me animé, realmente no se me ocurrió. No creía que era una posibilidad. Sentía que para dedicarme a la música tenía que llegar un hada, tocarme con una varita mágica y que caiga un productor de Estados Unidos y me convierta en una estrella. No creía que yo podría recorrer mi propio camino y empezar a hacer lo mío.

¿Qué fue lo que te hizo sentir que finalmente podrías dedicarte a esto?

Y cuando me empecé a meter. Yo soy de Pehuajó y desde el interior conocés menos personas, menos lugares, menos posibilidades. Salís de ahí con carreras bastantes comunes. Yo pensaba: “Soy muy sociable, me gusta estar afuera y me dije me voy a estudiar veterinaria”. Lo que me marcó el cambio fue venirme a Buenos Aires. Yo compartía mi música a través de las redes sociales y cada día tenía más gente que se sumaba a la que le gustaba escucharme. Me empezaron a contratar para shows, conocí gente que estudiaba música y, de repente, hubo un día que ya no quise ir a la facultad, que me di cuenta que veterinaria no era mi pasión ni lo que quería hacer.

¿Cómo se siente hoy el estar lejos de Pehuajó?

Tengo hermanos más chicos y me encanta volver. Siempre que puedo vuelvo. Volver a mi casa te da una tranquilidad que no te la da ningún otro lugar. Al dedicarme a esto, estoy todo el tiempo viajando, trabajando a mil, moviendo muchas cosas, moviéndote en ambientes que no son tan copados porque, si bien hay gente que es piola, hay mucha otra gente que no; y no hay nada que te conecte con vos mismo, que te recuerde quién sos vos, que volver a donde te formaste, a donde tenés la base de todos tus valores. Te recuerda quién sos vos, te tranquiliza. Para mí no es lo mismo ir a un boliche cualquiera que ir a la peña con mis amigos de Pehuajó. Te relajás estando allá, te dejas ser. En todos los otros lugares, quieras o no, estás en trabajo. En cambio volver a tu ciudad, sos vos.

Imagino que estás super agradecida a las redes sociales, pero con este crecimiento las has empezado a utilizar de forma más profesional. ¿Cómo viviste este cambio sobre todo en Instagram?

Te vas dando cuenta de la cantidad de gente a la que llegás y vas siendo más consciente de qué mostrar y qué no. Quizás antes subía más cosas de mis hermanos y una persona que ni conocía me preguntaba por ellos, y ahí uno se da cuenta lo que muestra. O, por ejemplo, cuando salgo, no subo un videos si hay gente que tomó de más, por más que no quiera decir que no puedamos salir a tomar como cualquier otra persona normal de mi edad, no está bueno mostrarlo y además uno busca transmitir un mensaje. Empezás a tomar más conciencia.

¿Qué interacción mantenés con esos miles de seguidores?

Lo que más les gusta a los seguidores es eso. No te ven como algo completamente alejado o externo, sino que te ven como algo más cercano. Te envían mensajes que yo respondo. Pero también yo a veces hago preguntas que invitan a que ellos respondan, o cosas para que voten. La idea es que también se sientan parte.

Muchos famosos han compartido las versiones que has hecho de sus canciones. Recientemente te juntaste, por ejemplo, con un cantante de larga trayectoria como Facundo Saravia. Es interesante ver este vínculo entre artistas, en especial, dándole oportunidad a la nueva generación de cantantes como vos.

Soy muy partidiaria de que la música no es para competir sino para compartir. Y creo que es una de las cosas más lindas que tiene. Me pasa que me junto con Facundo Saravia o Benja Amadeo, o artistas que tienen un camino recorrido más largo que el mío e igualmente se juntan, me ayudan, me dan consejos, me muestran a su grupo de seguidores. Y también pasa que yo me junto con una chica que recién está arrancando y se produce eso a la inversa. Cada juntada es sentir lo que hacemos, es hacer música que es lo que nos gusta y eso es lo que transmitimos.

¿Un mensaje para los jóvenes lectores a la hora de elegir qué hacer, a qué dedicarse, de qué trabajar?

No tenés que seguir ninguna presión ni social, ni familiar, ni de ningún tipo. Al principio disfrutaba lo que hacía, pero estaba muy asustada. Luego me dije: “La que se tiene que levantar todos los días y trabajar soy yo, así que más vale elegir algo que me apasione”. Hay que elegir algo que no lo sintamos como un trabajo. ¿Por qué tenemos que sentir al trabajo como un peso? Disfruto tanto lo que estoy haciendo algo que, por más que me lo tomo con responsabilidad, y quizás me tenga que levantar temprano para ir a hacer una nota, o no puedo salir los fines de semana porque estoy viajando y tocando; lo disfruto tanto que no puedo creer que me esté dedicando a esto. No siento que sea un trabajo, siento que voy, canto y la paso increíble. Hay que aprender a tomar las cosas como un trabajo, pero por considerarlo un trabajo, no quiere decir que lo vas a dejar de disfrutar. Al revés, te llena muchísimo más.