Hacer del oficio una profesión

A lo largo de estas páginas muchas veces nos hemos referido a casos de jóvenes que transformaron lo que empezó siendo un mero interés o hobby en su actividad profesional. Pero muchas veces surgen dudas respecto de si es posible convertir el oficio en la verdadera profesión a la cual dedicaremos nuestro día a día. Por eso, hoy en esta nota te proponemos reflexionar al respecto. Spoiler: hay final feliz.

Diferencia histórica de conceptos
Son múltiples las actividades que, durante mucho tiempo, han entrado en la categoría de oficios en un intento por diferenciarlas de las profesiones propiamente dichas. Se trataba de actividades generalmente asociadas al trabajo manual o artístico, como la pintura y el teatro, pero que también englobaban a otras de realización creativa, como el periodismo. Oficio era dibujar, coser, escribir. Profesión era ser médico, abogado, contador. Las diferencias parecían estar a la vista. Sin embargo, quien dibujaba, cosía, escribía estaba también dedicando horas de tiempo, esfuerzo y dedicación, en la misma medida (o incluso más) que lo que lo hacía quien atendía a un enfermo, defendía en un juicio o llevaba las cuentas de una empresa. La diferencia parecía estar en el paso previo a la realización: la formación. Es decir, el oficio se hacía sin un estudio académico; la profesión se ejercía con un título.
Fue el paso del tiempo y la modernización lo que permitió darle mayor reconocimiento a este tipo de actividades. Pero fue, sin lugar a dudas, la aparición de las carreras terciarias y universitarias asociadas a ellas las que le dieron un status de calidad para evitar su diferenciación y menosprecio por las popularmente conocidas “profesiones”. Incluso con capacitación, con conocimientos, con formación académica, hoy son muchas las actividades históricamente asociadas a oficios que deben enfrentar importantes obstáculos.

Un desafío laboral
La diferencia entre oficio y profesión no era simplemente una cuestión de vocablos. Se hacía sentir en todo sentido en la práctica. Como se expresó anteriormente, antes incluso los oficios ni siquiera contaban con la posibilidad de ser estudiados. Hoy ello (por suerte) se ha modificado y son múltiples las opciones que existen para estudiar artes, literatura, diseño o periodismo (por sólo mencionar algunas). Pero lo que aún se mantiene quizás como principal desafío es el reconocimiento como profesión en su totalidad.
¿Qué se quiere decir con esto? Que a la hora de salir al mercado, muchas actividades de oficio aún no son bien pagas o aún no cuentan con el respaldo gremial correspondiente para la defensa de sus derechos durante el ejercicio. Si bien año a año se van conquistando más logros para este tipo de actividades (impulsado por el creciente interés de los más jóvenes), lo cierto es que aún podés enfrentarte a algunos desafíos para que aquello que alguna vez fue un oficio, hoy tenga su reconocimiento 100% como profesión.

Una cuestión de actitud
A veces las propias anécdotas sirven para ejemplificar la teoría de manera más práctica. Cuando la hermana de una amiga concluyó el secundario se dirigió con firmeza a su mamá y le dijo: “Yo quiero ser actriz, no quiero estudiar licenciaturas como mis tres hermanas más grandes”. La madre la miró y le respondió: “Me parece perfecto que seas lo que querés ser, pero la actuación también se estudia, también requiere de formación”. La joven sonrió y empezó a buscar dónde formarse. Hoy se sube a los escenarios de teatro alternativo cada fin de semana.
Esta simple conversación es un ejemplo de que incluso lo que parecen actividades, hobbies u oficios requieren de sacrificio, estudio, preparación y dedicación. El diferencial entre el oficio y la profesión es que hay “un no sé qué especial” que algunos prefieren sintetizarlo en una palabra: pasión. Por eso, si estás en dudas respecto de si la música, el arte en general, el periodismo o cualquier otra actividad a la que muchas veces se le da tratamiento como profesión, ¡no entres en pánico! Lo mejor que podés hacer es contactarte con personas que ya la estén ejerciendo y preguntarles cómo llegaron a hacer de ello una profesión, qué consejos pueden darte, cómo te recomendarían empezar en un mundo cada vez más diverso en profesiones, universidades y necesidades sociales.

Una realidad emprendedora
Es esa pasión y esa combinación de hobby y profesionalismo, lo que convierte a la mayoría de los profesionales de oficios en emprendedores. Quizás por las mismas dificultades que presenta el mercado o por la propia manifestación expresiva de hacer lo que a uno le gusta, cada vez son más los jóvenes que ven la oportunidad para iniciar proyectos o nuevas formas independientes del ejercicio de su labor.
Para esto es fundamental conocer qué es lo que ya existe en relación con tu idea y ver si puedes unirte a ello o buscar hacer algo totalmente diferente. En uno y otro caso, lo importante es no olvidar que la confianza debe estar puesta en vos, en tu pasión, tu capacidad. Pero recuerda: incluso el oficio también requiere de formación, experiencia, conocimiento.