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¿Quién dio que a los 15 años no se puede empezar a cambiar el mundo? ¿Y quién dijo que la idea no puede comenzar en el aula, entre compañeros, con amigos? Quizás, y por suerte, Zoe Taranilla no hizo caso a esos miedos populares y respondió de una forma positiva, haciendo de la programación una posibilidad para ayudar a otros. Luego de su paso por el escenario de Experiencia Provocación, nos sigue inspirando con sus palabras.

por Tais Gadea Lara

 

¿Qué es “Comer, estudiar, jugar”?

Es pasión, vocación y amor. Es un proyecto que tiene como objetivo unir a las distintas clases sociales con las que estamos en contacto, a través del aprendizaje y de brindar herramientas.

¿Cómo surgió la idea?

En el colegio hay un proyecto en construcción de la ciudadanía, llamado Revolución de las Ideas”, que busca que cada uno identifique algo que le apasione o le interesa cambiar y desarrolle un proyecto para modificar aquello que nos afecta. El objetivo es terminar dando una charla en el colegio para contar lo que hicimos a lo largo del año en la materia. El proyecto empezó siendo de cinco chicas porque habíamos visto una película que ayudaban un a comedor. Comenzamos a buscar comedores para ayudar. La Casita del Niño era la organización que ayudaba mi colegio y decidimos acoplarnos al trabajo que ya venía haciendo. El año pasado se bajaron tres de mis compañeras y quedamos dos que somos las que continuamos el proyecto.

¿Por qué se bajaron tres de las chicas?

Porque sentían que era demasiado compromiso

¿Y para ustedes hoy, siendo dos, les representa mucha responsabilidad, teniendo en cuenta que todavía son jóvenes?

En realidad tenemos el constante apoyo del colegio, de nuestras familias, de toda la comunidad que nos rodea, y eso hace que sea mucho más llevadero. Si fuésemos nosotras dos solas, claramente sí.

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¿Cuáles son las actividades que realizan para el proyecto?

Nos mantenemos en contacto con el comedor para ver cuáles son sus necesidades y así poder organizar con mejor eficacia cada una de las campañas. Normalmente, organizamos una campaña por mes para llevar lo que necesiten y, además, armar un taller con el grupo que vaya ese momento. Depende del mes o del taller, será la temática que abordemos, por ejemplo, deportes. La idea es incluir a todos, que hagan lo que más les guste y no que lo vean como una obligación o esfuerzo. 

¿Cómo en todo esto aparece la tecnología?

El año pasado el colegio nos presentó la propuesta a dos amigas y a mí de “Programando un mundo mejor”, que es uno de los programas de Chicas en Tecnología. De curiosas que somos, fuimos y nos copamos. No teníamos mucha idea de qué era lo que íbamos a hacer, pero cuando entramos empezamos a escuchar lo que tenían para proponernos, ya empezaron a dar vuelta en nuestra cabeza todas las ideas que teníamos. En un principio no era conectándolo con el proyecto que ya teníamos. En un momento estábamos haciendo lluvia de ideas, es decir, identificar un problema en nuestra sociedad y crear, con una aplicación, una solución viable para el problema. En el proceso de tratar de encontrar el problema que creíamos más importante, aparecía desempleo, falta de donación de órganos o de sangre… muchas cosas, pero ninguna terminaba de encajar. Una de las chicas dijo: “Esto sólo ayuda a los que ya son grandes, a los que estudian, a un grupo determinado”. Ahí surgió la idea de que esto es lo que vemos nosotras, esto es lo que ven las compañías y esto es lo que ve el resto de la sociedad. Los problemas que uno podía identificar no necesariamente son los mismos que sufre la gente que los vive. Ahí surgió la idea de hacer Helper para que la gente pueda decir cuál era el problema que tenía y que, dentro de la misma de la misma sociedad, se traten de encontrar las soluciones. Eso es lo que a nosotras nos interesa: crear comunidad, unirnos, entender que yo tengo para dar así luego puedo recibir.

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¿Ustedes se involucran en la programación de Helper?

Nosotras hicimos un prototipo de la aplicación, pero aún le falta es la base de datos para funcionar. Lo que hacemos es trabajar con empresas semilleras que son las promueven este tipo de startups para aprender o comunicarse con grupos que saben de distintas disciplinas a fin de que sea viable su uso después. No sólo tienen en cuenta el poder hacer una base de datos, sino también cómo hacer para que la gente lo use y se involucre.

En esta experiencia con Chicas en Tecnología, ¿sintieron que la tecnología es un mundo asociado a los hombres?

No teníamos ni idea de todo lo que se podía hacer con la tecnología. Ya cuando entramos, fue un impacto ver que se podía asociar la solidaridad con algo que nos parecía tan técnico y tan aislado de ella. Lo veíamos como algo del lado de las exactas, cero humanitario. Con el tiempo, con las charlas, con las capacitaciones, nos dimos cuenta del potencial de la tecnología para generar impacto social. Lo que nos pasó especialmente es que dentro del colegio era raro que chicas estemos yendo a algo de tecnología. No era algo común de ver. La gente tenía una imagen de nosotras tan solidaria que no veía viable que estemos sentadas atrás de una computadora. Fue un gran cambio y pasó algo muy lindo. Le mostramos al colegio que, siendo chicas, podíamos hacer un montón de cosas. Chicas, como mujeres, y como jóvenes.

¿Un consejo para otros jóvenes?

Que nunca pierdan de vista el foco. Que con la idea que uno empieza, con eso que uno tiene en el corazón es con lo que uno tiene que seguir, desde que empezás el proyecto hasta que terminás. Muchas veces en el proceso te vas olvidando de todo lo que era en un principio, y en realidad es la esencia del proyecto, de lo que querías hacer. Esa esencia es lo más lindo que tiene cualquier cosa social que uno haga, más cuando está conectado con lo más hermoso que uno tiene: poder darle al resto lo que uno es. Que sigan, que lo más importante es buscar distintas maneras para acercarse porque no siempre la primera es la acertada. ¡El esfuerzo lo vale!

 

 

Su Experiencia Provocación

Al preguntarle cómo vivió su paso por el escenario de Experiencia Provocación, la descripción de Zoe es tan detallada que uno pueda revivirla con ella. “Me subí al escenario y lo primero que hice fue mirar al público para ver cuánta gente había. Miré abajo y estaba lleno. Pensé entonces en mirar a arriba donde estaría más vacío. También estaba lleno. Tuve una mezcla de nervios por esa cantidad de gente, pero al mismo tiempo tenía alivio porque el evento estaba saliendo bien, porque sabía que una parte de mí podía afrontarlo”, recuerda con emoción. ¿Por qué esa necesidad de mirar al público? ¿Por qué la importancia de las personas que la escucharían? “Quería ver la reacción de todos y cada uno. Pero me di cuenta que no podía seguir fiándome porque me estaba distrayendo. Seguí con mi charla, con lo que sabía, con lo que decía, pero siempre en todo momento esas reacciones en sus rostros seguían estando en mi cabeza. Y fue gracias a ellas que continué, porque me daban la fuerza para hablar”.

Reviví la charla de Zoe en Experiencia Provocación