LA 1° ESCUELA SUSTENTABLE DE ARGENTINA

Desde mediados de abril, los alumnos de una escuela rural podrán estudiar en un edificio con principios de sustentabilidad desde su origen. Fuimos a Mar Chiquita en pleno proceso de construcción de este “Earthship” y te contamos los detalles. Características, valores y principios de una iniciativa que buscará dejar huella positiva en el país, la región y el mundo.  

Por Tais Gadea Lara (en Mar Chiquita, Buenos Aires)

Llegamos en una mañana soleada donde la brisa del mar se hacía sentir. A unos 30 minutos aproximadamente en auto de Mar del Plata, se encuentra Mar Chiquita, una localidad en la que habitan 400 personas. En medio de esa calma, se escuchaba una música en alto que parecía acompañar a la perfección cada ritmo de los martillazos, cada nueva pala de tierra sobre los cimientos, cada nuevo corte de las botellas reutilizadas. Habíamos llegado a la construcción de lo que será la primera escuela sustentable de Argentina.

Lejos de ver a personas cansadas en horario de trabajo, nos encontramos con jóvenes y adultos de distintas partes del mundo, sonrientes, divertidos, alegres que parecían sentir en cada cosa que hacían el gran aporte que estaban dejando en Mar Chiquita. Si en la arquitectura tradicional, “lo bonito” llega con el producto final, aquí “la belleza” se vive desde el minuto cero, desde ese instante en que la idea surgió, desde ese primer ladrillo (o mejor dicho neumático) que se coloca como base de lo que será la escuela.

UNA ARQUITECTURA AMIGABLE CON EL AMBIENTE

Cuando el norteamericano Michael Reynolds estudió arquitectura se dio cuenta que los sistemas tradicionales no le permitían responder a lo que él consideraba las necesidades del mundo real. Por ello, basado en el paradigma de la sustentabilidad (satisfacer nuestras necesidades presentes sin perjudicar la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras) decidió crear una nueva forma de construir y le dio un nombre particular: “Earthship” o, en su traducción al español, “NaveTierra”.

¿De qué se trata? Reynolds lo define como “una construcción que utiliza residuos para generar recursos”. Es decir, sería un proceso inverso a las construcciones tradicionales que utilizan recursos para generar residuos. “Un Earthship es una base para los humanos en este planeta. Esa base encuentra los fenómenos naturales del planeta para la sustentabilidad de las personas”, define Reynolds y agrega: “La base en sí misma es nuestro vínculo con los fenómenos del planeta. Y lo que eso significa es que no tenemos que extraer combustibles fósiles, no tenemos que tener infraestructura, que requiere una enorme demanda de impuestos, dólares, mantenimiento, etc. Depende de las manos de las personas, de las personas y el sol, de las personas y la lluvia, de las personas y la biología”.

Como director de la iniciativa “Una Escuela Sustentable” de la organización Tagma, Martín Espósito describe las características de sustentabilidad que tendrá esta escuela a diferencia de una tradicional: “Es un edificio que busca ser autosuficiente, es decir, darle a las personas que lo habiten todo lo que necesiten en el día a día, a nivel de agua, consumo de energía, producción de alimentos y también considerando los residuos que se genera el ser humano”.

Este tipo de construcción se basa en seis principios que tienen como ejes centrales el uso eficiente de los recursos, el empleo de energías renovables y el cuidado del ambiente en todas sus formas. ¿Cuáles son esos principios? Espósito los enumera: “La generación de energías limpias, la recolección de agua de lluvia, el tratamiento de las aguas dentro del predio, la producción de alimentos, la incorporación de materiales reciclables y el acondicionamiento climático -que es uno de los más interesantes porque asegura que el edificio se mantenga entre los 18 y 25 grados durante todo el año sin necesidad de calefacción-”.

Desde hace décadas, Reynolds ha construido estas “NaveTierra” en distintas partes del mundo. Su llegada a la Argentina fue en 2014 de la mano de la pareja de actores Mariano Torre y Elena Roger. El primer Earthship del país se construyó en Ushuaia, Tierra del Fuego. Hoy funciona como una casa experimental abierta a la comunidad para generar conciencia sobre este tipo de construcciones y el cuidado del ambiente.

En la conversación que tuvimos con Mariano para nuestra edición #62, se refirió a aquel proyecto y reflexionó: “Es un aprendizaje del día a día. Fue descubrir un mundo y personas que estaban abogando por ser más eficientes de los cuales quiero seguir aprendiendo, ellos son mis referentes. Plantamos una semilla y son otros los que tendrán que seguir cuidándola”. El proceso de construcción de esa primera experiencia fue documentado por Mariano y Elena en el filme “NaveTierra. Un nuevo mundo en el fin del mundo”.

UN PROYECTO CON IMPACTO SOCIAL

No bien se da por concluida la construcción y se inaugura la escuela, los chicos y chicas de la escuela pública rural Nº12 de Mar Chiquita comenzarán a estudiar dentro de esta “NaveTierra”. Mientras que su actual institución educativa se encuentra lejos de sus hogares, con la nueva escuela sustentable podrán ir a estudiar de forma más accesible. Pero esto no es todo. El impacto que esta escuela tendrá en la comunidad es notable.

En primer lugar, hay un impacto en la forma en la que los chicos estudian. No es lo mismo que te enseñen cómo se realiza una huerta a través de un manual de Ciencias Naturales, que tener la oportunidad de cuidar el crecimiento de los alimentos orgánicos en cada uno de tus recreos. No es lo mismo que te informen sobre el cambio climático en la clase de geografía y te mencionen a las energías renovables como una vía de solución para reducir las emisiones, a que puedas encender la luz gracias a los paneles solares que se ubican en el techo de tu escuela.

¿Y cómo sabemos esto? En 2016 tuve la oportunidad de visitar la primera escuela sustentable de América Latina, basada también en el método de Reynolds y bajo la organización de Tagma. Allí pude ver cómo los niños aprendían sobre sustentabilidad más allá de un libro, no era una carga horaria, era vivir la sustentabilidad en todas sus formas, todos los días. Y eso mismo sucederá en Mar Chiquita dentro de muy poco. El propio Reynolds lo reconoce: “Cuando uno va a una escuela o vive en un edificio como éste, el edificio en sí mismo encarna su educación de muchas maneras. Veo que eso sucede con muchos Earthships. Todas las charlas que puedo hacer, y las imágenes que puedo mostrar no hacen nada en comparación con llevar a alguien al Earthship y que vea que hay alimentos en crecimiento, y la temperatura es confortable, y hay luz encendida y funciona el baño, y hay agua corriendo”.

Y ahora entonces el segundo impacto que sobrepasa a los alumnos y se expande a la comunidad: la NaveTierra se convierte en un atractivo para los vecinos y turistas, en un espacio de aprendizaje, en una oportunidad para tomar conciencia sobre la importancia de cuidar al planeta. Durante la grabación en Uruguay, pude ver cómo visitantes ingresaban a la escuela para saber de qué se trataba y eran los propios alumnos los que les contaban sobre los principios de sustentabilidad de su escuela.

A esos seis principios vinculados con la arquitectura sustentable, Tagma busca sumar un séptimo: desarrollar el factor humano. ¿Qué significa? Ninguna de las características mencionadas con anterioridad tendrían sentido, sino hay personas conscientes de su impacto y del rol que pueden tener en su uso. Docentes y alumnos, vecinos y turistas, son invitados a involucrarse en este proyecto de una forma activa y con impacto positivo.

El dato importante aquí es que estos proyectos sólo son posibles si se trabaja en conjunto entre distintos actores. Desde lo público, la intendencia de Mar Chiquita abrió sus puertas a la idea desde un primer momento. Quizás impulsada por el hecho de que su intendente, Carlos Ronda, es arquitecto. Desde lo privado, la compañía Ala es uno de los principales responsables del proyecto siguiendo su principio de sustentabilidad de que los niños vuelvan a reconectarse con lo natural, “que se permitan ensuciar” en el juego y aprendizaje cotidiano con la naturaleza”. Nicolás Dobler, manager de Sustentabilidad de Unilever, asegura: “Este tipo de escuela es de esos proyectos en los cuales uno se siente parte, pero es fundamental la parte humana de la sustentabilidad: si la gente no se involucra y no es parte de esto, no termina funcionando”. Desde lo social, esta escuela de Mar Chiquita se enmarca en el PLANMAR, un nuevo modelo de desarrollo local sustentable, bajo la coordinación de la asociación civil Amartya.

Segunda Navetierra en Argentina, primera que funcionará como una escuela. El crecimiento de este impacto educativo continuará en la región con una próxima construcción en Bolivia. ¿Estaremos ante un nuevo fenómeno de niños y jóvenes que un futuro próximo ya serán líderes en el cuidado del ambiente? ¡Muy pronto lo sabremos! Las palabras de Matías Rivero de Tagma lo sintetizan: “Esta Navetirra educa a las generaciones futuras para que estén más cerca de los fenómenos naturales y para que comprendan por qué la Tierra tiene esos fenómenos, cómo podemos beneficiarnos de ellos y cómo podemos empezar a cuidarlos. Educando a las generaciones futuras en este sentido, estamos dando un gran paso para cuidar nuestro planeta”.

 

Seguí las novedades sobre este primer proyecto en Argentina en www.facebook.com/unaescuelasustentable