“Viajar, más allá de lo que pase, es LA experiencia”

31 años. Argentina, pero con familia mitad húngara (de allí su nombre tan original) y mitad argentina-española. Desde hace 10 años se lanzó a la aventura: viajar por el mundo. Pero rápidamente le agregó un condimento no menor: trabajar mientras recorría continentes. Cuando conversamos lo hicimos a través de Skype mientras ella estaba en Costa Rica. Al momento de cerrar esta edición, se encontraba de regreso en Buenos Aires. Ahora que vos estás comenzando a leer esta nota, ¿dónde estará? Te invitamos a conocer a Aniko Villalba, la argentina que hizo de “Viajando por ahí” una aventura para seguir en blog, posteos y redes sociales.

Por Tais Gadea Lara

¿Dónde estás hoy? (al momento de hacer la entrevista)

Ahora estoy en Costa Rica, pero en breve me voy. Estoy acá porque me gané un crucero junto con una amiga. Nos lo ganamos el año pasado en un viaje de prensa. Siempre queríamos hacer un transatlántico, que sólo sale una vez por año y parte desde acá, Costa Rica. Vine para tomar un barco, pero también para visitar a mi mejor amigo que vive desde hace tres años acá y para trabajar.

Cuando terminaste de estudiar Comunicación Social, ¿tomaste en seguida la decisión de irte a viajar por el mundo?

Sí, fue “termino y me voy”, pero porque trabajé durante el último año y medio de la carrera haciendo una pasantía en un grupo de revistas, más algunas notas freelance. Apenas terminé decidí irme: finalicé la facultad en diciembre y en enero ya me había ido.

¿Cómo fue esa decisión tan difícil?

Lo siento tan lejano eso: ¡ya van a ser 10 años que tomé la decisión! Cuando había entrado al cuarto año de la facultad, había hecho un viaje de mochilera al norte argentino y a Bolivia. La experiencia de viajar, de ir moviéndote, de elegir qué hacer, de romper con el paradigma de irse de vacaciones 15 días al mismo lugar me encantó. Era algo nuevo para mí y lo disfruté. Además, tuve una experiencia muy linda en un tren en Bolivia: me separé de mis amigos con los que estaba viajando para ir a conocer el El Salar de Ulloni y fueron mis dos primeros días viajando completamente sola. Sentí tal libertad. Volviendo en el tren desde Bolivia al norte argentino, me desperté y me di cuenta que una madre me había tapado con una frazada de su bebé. Fue un gesto muy auténtico, desinteresado, que me marcó un montón, que me permitió decir: “Yo quiero viajar para esto, para encontrar este tipo de historias”. Se armó una revolución en mi cabeza y me di cuenta que no era tan caro viajar, que quería escribir y que si no lo hacía ahora, ¿cuándo lo iba a hacer? Terminé la carrera, saqué un pasaje a Bolivia y me dije: “Veré qué pasa”.

Mencionás con orgullo que hoy lograste sustentarte económicamente de lo que hacés, ¿tenías en mente en aquel entonces la posibilidad de vivir de viajar?

No tenía la certeza de si iba a poder vivir de eso, pero era mi objetivo: yo quería, de alguna manera, generar ingresos mientras viajaba para no tener que volver a Buenos Aires cuando se terminara la plata. Pero también pensaba que no era imposible porque había gente que ya vivía así. En esa época no había tantas redes sociales ni blogs, no se leían tantas historias de gente que lo hiciera; pero apenas me fui de viaje me di cuenta que había gente que ya vivía así.

Hoy viajas y trabajas, trabajas y viajas, ¿cuál es tu principal fuente de sustento?

Principalmente la venta de mis libros. Pero también escribo para revistas, trabajo con empresas. Varía porque si no hacer siempre lo mismo me aburre.

¿Mantenés siempre las publicaciones en idioma español?

A veces publico en inglés, pero no para mi blog sino para otros sitios que me compran artículos, pero no mucho.

Entre todos los viajes que ya hiciste, ¿una experiencia que siempre te vuelve a la mente?

Son un montón. Viajar en general, más allá de lo que pase, es la experiencia. Tengo algunas historias más extraordinarias, como haber dormido en el desierto con nómadas. Experiencias que quizás se dan una sola vez en la vida. Lo que más me gusta de los viajes son las cosas más chiquitas, los hechos cotidianos. Por ejemplo, viajé a China sola y estuve un mes completamente perdida. Un día intentaba comprar un pasaje de colectivo en un pueblo y se me acercó una chica local que hablaba inglés con la mamá y me preguntó si necesitaba ayuda. Me ayudaron, me invitaron a desayunar y luego a tomar el té a su casa. Tuve la experiencia de estar en una casa con señoras chinas tomando el té, sin entender el idioma, pero fue increíble compartir ese momento. Ellas me invitaron a hacer algo cotidiano y son las experiencias que guardo con más cariño.

Explicas siempre el origen de tu nombre, la procedencia de tu familia y ahora estás casada con un francés; tenés una mezcla de nacionalidades. ¿Crees que hoy hay más viajeros, más “ciudadanos del mundo” que no se aferran a la estructura de una casa fija?

Creo que sí, pero no creo que hace 10 años cuando yo viajé no había, sino que no se contaba porque no había medios de comunicación tan masivos como Internet para poder hacerlo. Hace 10 años Internet era otra cosa, no lo que es ahora. Quizás hoy hay la misma cantidad de viajeros que antes, pero pueden mostrar y compartir lo que hacen a través de las redes sociales. Lo que sí creo es que ahora hay mucha más gente que, además de viajar, puede trabajar en el camino. Yo trabajo porque existe Internet, sino no sé si podría estar haciendo esto: no tendría un blog, no tendría un público. Creo que Internet nos facilita que más gente pueda vivir donde quiera, trabajar desde donde quiera, en definitiva, viajar y trabajar a la vez.

¿Cuál es la red social que más te gusta para compartir tus viajes?

Instagram. Me gusta la posibilidad de que sea una combinación entre foto y texto. Me gusta tener que elegir una foto, contar una historia, reflexionar acerca de eso.

Te tomás el trabajo de contestar los comentarios de los seguidores, ¿creés que es importante conservar el sentido de la comunidad digital?

Sí. Me gusta y me divierte. Siempre que puedo lo hago. A veces tardo más, pero casi siempre respondo. Me gusta interactuar con la gente que me sigue. Y cuando hago presentaciones en vivo me encanta verle la cara a la gente, porque si no somos como simples nombres en una pantalla.

Viajaste sola, con amigas, en familia, casada. Uno de tus libros es sobre mujeres viajeras y socialmente surge ese pensamiento de que es peligroso para una mujer viajar sola, ¿qué pensás al respecto?

Para mí no es peligroso viajar sola. Sí tuve mucho miedo antes de irme porque escuchaba las mismas historias que escuchamos en las noticias, porque la gente me generaba miedo. Empecé a viajar sola pensando que era una locura y después me di cuenta que no. El mundo es amable, lo cual no quiere decir que no pasen cosas horribles. Pero en el día a día son más las cosas buenas que pasan que las malas.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes que están pensando en viajar?

Que lo hagan. Que no se queden en la idea o el sueño. No pongan excusas ni de tiempo ni de dinero. Siempre hay excusas porque son más los motivos para no animarse que para animarse, o al menos en nuestra cabeza. Siempre recomiendo hacer una prueba piloto: un viaje corto, cerca, para fijarse cómo se sienten, si les gusta. También creo que está bueno formarse en algo que les permita luego desempeñarlo mientras viajan. Tener una formación se convierte en una especie de superpoder que te va a permitir sustentarte económicamente durante la aventura.

Los libros se consiguen en papel o en formato ebook a través de http://viajandoporahi.com/libros

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