Carla Rebecchi – RUGIR DESDE EL CORAZÓN

Carla Rebecchi

¿Cómo encontró su vocación Carla Rebecchi?

Una energía imparable impulsó a Carla Rebecchi (30) desde muy chica. Su mamá la anotó en hockey sin saber que cuando ella terminara el secundario, el histórico entrenador de Las Leonas, Cachito Vigil, la convocaría para empezar a jugar en el sub-21. A partir de ese momento, Carla hizo historia dentro del deporte argentino. Medallista olímpica, campeona mundial y de Champions Trophy, hoy reflexiona desde la madurez y da sorprendentes consejos en este mano a mano imperdible.

Por: Antonella Orlando – Foto: Pablo Genovesio – Maquillaje: Luchi Dominguez 

Empezaste desde muy chica a practicar deporte, ¿cuándo fue el momento en el que pensaste que el hockey era lo que querías hacer?

La primera vez que me llevó mi mamá a jugar fue a los seis años porque era muy inquieta y necesitaba gastar energías. Todos me cuentan que era terrible. Incluso ya desde los cuatro años hacía gimnasia deportiva, y me enganché con el deporte como pasatiempo. Seguí con hockey porque fue la disciplina que me terminó gustando más. Primero jugué en Banco Provincia y a los 12 años me cambié a Ciudad de Buenos Aires. Y creo que ahí fue el clic, porque la decisión de cambiarme e ir a un club más competitivo fue mía. Siempre me cuenta mi mamá eso, que yo estaba re segura y no tenía dudas. Ganábamos los partidos con mucha diferencia y ahí empecé a ver que disfrutaba la competición.

¿Qué cosas aprendiste con el tiempo?

Muchísimas. Obviamente no soy la misma de los 20. Creo que cuando uno es más joven es mucho más inconsciente del lugar donde está y solo disfruta el sueño, el haber llegado a la Selección. En el caso de nuestro equipo, todo se dio de manera muy especial. Hace 12 años que venimos ganando casi todo lo que jugamos. Y ahora nos pasan cosas como ir a Valencia y salir cuartas. No me lo tomé de la misma manera que me lo hubiera tomado de chica, seguro me hubiera puesto mucho peor. Lo veo más fríamente y digo: “Bueno, tenemos un equipo nuevo, hay que seguir formándose”. Tema lesiones: cuando era chica no me lesionaba, era más impetuosa y pensaba que nunca me iba a pasar nada porque el cuerpo aguantaba de otra manera. En cambio ahora estoy sufriendo un lesión tiene que ver con un desgaste natural de tantos años de entrenamiento, y no me la tomo mal. Generalmente, soy de pensar en el objetivo a mediano plazo y cuando te proponés un objetivo, hacés todo lo posible para llegar ahí y tenés que pensar en eso y no bajonearte. Soy muy disciplinada en ese sentido y mi cabeza está en el futuro. Y creo que eso lo vas entrenando a medida que sos más madura.

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¿Qué valores rescatás de Las Leonas y el deporte en general?

El vivir dentro de un equipo, la convivencia, los entrenamientos, los viajes. En estos 12 años estuve más con la chicas que con mi familia, y se transformaron en otra familia. Aprendí a convivir con personas totalmente distintas a mí, y eso es lo más importante. Porque la verdad es que todas podemos amar el deporte, pero cada una tiene una personalidad en particular. Gracias al hockey aprendí a ser compañera, solidaria y respetar a la persona que tengo al lado.

Antes decías que no eras la misma que cuando tenías 20 años. Seguramente, la autocrítica hoy es mucho más fuerte por la experiencia…

Soy una persona muy exigente en lo que hago. Y ya desde chica me metía bastante presión y siempre me exigía al máximo. Debo reconocer que constantemente veía más cosas malas que buenas. Más allá que hay que tener equilibrio, creo que eso me hizo crecer mucho como jugadora. Veía videos todo el tiempo para ver qué tenía que corregir. Ahora estoy en la cancha y ya sé qué me pasa cuando hago las cosas mal. El tema de los errores en un partido es no quedarse con lo malo que hiciste, sino pensar en la jugada que vendrá para no permanecer en lo negativo. Creo que eso también se puede aplicar a la vida en general para aprender a resolver los obstáculos. Por ejemplo, hay momentos dentro de la cancha en que no das más y todo pasa ahí. En ese momento es cuando tenés que desprenderte de los pensamientos de dolor y cansancio y sale más el corazón que otra cosa.

Cuando empezaste en la Selección, el deporte nacional estaba en un momento complicado y los jóvenes no lo veían como una opcion de la que puedieran vivir. Eso cambió en los últimos años. ¿Cómo analizás este fenómeno?

Creció mucho el deporte nacional. Lo puedo ver en hockey porque es lo mío, pero hay un cambio enorme en todas las disciplinas. Muchísima gente empezó a jugar al hockey y el fanatismo que existe es muy grande. La aparición del Enard fue un impulso gigante. Se vio en los últimos Panamericanos que hay atletas de nuevas disciplinas casi impensadas para nosotros.

¿Qué consejos le darías a los chicos que aman un deporte pero no saben si dedicarse a eso?

Hagan lo que hagan, está bueno seguir ligado al deporte si lo hicieron durante la secundaria. Es un estilo de vida y ayuda a mantenerse sano. Pero me parece que está bueno estudiar y seguir una carrera universitaria. Capaz que sorprende esto que digo porque mi historia con la Selección es otra. Pero también entiendo que muchas veces es cuestión de suerte en el deporte, y hay circunstancias en las cuales las cosas no salen. Yo tiraría por hacer las dos cosas. Obviamente que si ves que todo va bien con el deporte, vas a tener que tomar una decisión. Pero yo lo veo conmigo, que dejé muchos años el estudio por la Selección. Entrenábamos tanto que no tenía tiempo para estudiar. Y hace tres años que estudio Diseño Gráfico, y para mí es una manera de desconectar con el deporte y de hacer algo distinto. A la mayoría de la gente le pasa al revés: estudian pero se reservan el deporte para desconectarse (risas).

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¿Siempre tuviste pendiente el tema del estudio?

Siempre lo tuve presente. Cuando terminé el colegio había arrancado el profesorado y al mismo tiempo me habían convocado para la Selección. Al año siguiente hice el CBC para Kinesiología pero vi que no podía seguir el ritmo y me cambié a la Universidad del Salvador e hice todo un año. Y después me fui a jugar afuera y tuve que dejar de estudiar. Y cuando volví, me instalé y me di cuenta que tenía que hacer algo más que el deporte. No sé si el día de mañana me voy a dedicar al diseño. Ahora lo estoy haciendo y me gusta. Yo sé que quiero seguir ligada al hockey, pero también es una manera de tener otra salida. Y recibirse de algo también está bueno.

Navidad dentro de 40 años y tus nietos te piden una anécdota con Las Leonas. ¿Cuál sería?

Champions Trophy del 2006 en Holanda. Yo había quedado fuera, pero Natalí Doreski se enfermó y me convocaron. Imaginate que fui pensando que no iba a jugar nada, pero al final terminé jugando. Antes del partido por el tercer puesto, estábamos con las chicas haciendo una guerra de almohadas en el pasillo. En un momento, Mariela Antoniska se acerca y le termino clavando la uña dentro de su ojo… terrible. Vino el médico, le pusieron un parche y no sabían si iba a jugar al día siguiente. Con Charo Luchetti nos encerramos adentro de la habitación y yo pensaba que me mandaban de vuelta a Buenos Aires. Dije: “Esto fue debut y despedida, dejé tuerta a una compañera” (risas). Al día siguiente, Mariela estaba bien y atajó sin problema.

¿Qué es el hockey para vos?

Es mi vida. Es lo que elijo cada día y me apasiona. Es lo que siempre digo. Desde chica disfruto de levantarme temprano e ir a entrenar. Es un esfuerzo muy grande, pero cuando vas a un torneo y vivís todo lo que pasa, ganar una medalla o salir campeón es increíble. Ir a un Juego Olímpico y estar ahí no se compara con nada. Y todo el esfuerzo valió la pena.