Celular en las aulas: ¿sí o no?

Es uno de los interrogantes de estos tiempos que encuentra posiciones encontradas entre expertos, docentes y alumnos. ¿Por qué y para qué debería usarse el celular en el colegio? ¿Por qué debería continuarse con el aprendizaje sin dispositivos? Un artículo que, lejos de dar respuestas acabadas, busca invitar a reflexionar, debatir e intercambiar ideas.

La tecnología avanza a pasos tan agigantados que, para conversar sobre este tema, no tenemos que remitirnos a nuestros padres o abuelos, sino que mismo entre nosotros, entre nuestros hermanos o amigos, podemos advertir cómo se estudió en los colegios y universidades sin hacer uso de algún dispositivo tecnológico móvil y cómo hoy eso está cambiando rotundamente.

De hecho, en algunos (sino por decir la mayoría de los casos) el principal acceso que se tenía a la tecnología era en la clase de computación o informática cuando se trabajaba con computadoras que, lejos de ser portátiles, tardaban en encender. Pero ¡ojo! Lo que describimos no es de 100 años atrás, tiene apenas 10 o 20 años de diferencia con la realidad. La tecnología es esto, es cambio constante, es avance a escala, es abrir nuevos interrogantes.

Y aquí nos convoca uno de ellos, ¿debemos usar el celular en las aulas o no? Las opiniones son diversas, los argumentos son múltiples.

Entre los argumentos a favor del uso del celular en las aulas, impera el hecho de hacer uso de la tecnología como una herramienta complementaria y adicional al aprendizaje diario. Es decir, que los dispositivos tecnológicos sirvan a la currícula diaria de los alumnos.

Desde Chicas en Tecnología, iniciativa que promueve la inserción de las jóvenes mujeres en el mundo tecnológico para garantizar la igualdad de género, proponen una postura clara: “Celular con sentido”. ¿De qué se trata? Incorporar el uso del celular a las aulas para dar respuesta a un aprendizaje, no por mero uso para ver el muro de Facebook o las imágenes de Instagram. Melina Masnatta, una de las co-fundadoras del proyecto, lo ejemplifica: “Las chicas identifican un problema en sus comunidades y aprenden a programar una aplicación para celulares que de una resolución a ese problema. En ese ecosistema y metodología, el celular tiene sentido”.

El ejemplo de Chicas en Tecnología es una forma de incorporación del celular en las aulas con un sentido concreto, como una forma de aprendizaje, como un uso consciente de la tecnología para seguir educando. “Se puede construir tecnología desde otro lugar”, asegura Melina y agrega: “Sí debemos usar el celular en las aulas mientras tenga un sentido y esté enmarcado en una actividad de aprendizaje; no cuando dispersa”.

NO

Para muchos docentes, el uso del celular en las aulas debería estar prohibido porque invita a la desatención de los alumnos y porque se suma a las dificultades para controlar la instancia de exámenes y evitar el innecesario “copiarse”. Pero también muchos alumnos comparten con su familia que sus docentes se encuentran en las aulas haciendo uso permanente del celular. En un debate que parece no tener una única respuesta, ¿por qué no preguntarle a alguien que adora la tecnología, que siempre tiene lo último en materia de dispositivos y que recorre las principales ferias de innovación del mundo?

Recurrimos al joven Joan Cwaik, responsable de Divulgación Tecnológica en UADE y co-fundador de InBest (la primera plataforma argentina para invertir en criptomonedas) y su respuesta nos sorprendió: “Mi postura es que no. Puntualmente porque entiendo que el aula es un espacio de reflexión y de pensamiento consciente. El espacio de debate dentro de las clases es fundamental para generarlo con vínculos afectivos cara a cara”. Al respecto, Joan es contundente: “Soy pro-tecnología, soy crítico de la tecnología, pero también como docente en el aula soy bastante estricto en que, por ellos y por el clima de la clase, no utilicen el teléfono salvo en casos puntuales o excepcionales”.

Esa vida diaria en la que todo parece estar regido por la tecnología quizás debería encontrar en las aulas un momento de pausa, un espacio de educación, una oportunidad de aprender con otros. Así lo considera también Joan: “Estamos un poco saturados del uso de los dispositivos y las generaciones jóvenes lo están aún más. La clase tiene que ser un espacio donde se promueva el pensamiento crítico y el debate”.

Podríamos escribir revistas enteras con distintos argumentos y justificaciones sobre este tema. El debate está abierto, el interrogante es uno, pero admite múltiples posturas. En uno y otro caso, no hay que olvidar algo: la tecnología es una herramienta, no es ni buena ni mala, sólo depende del uso (bueno o malo) que hagamos de ella. ¿Vos, qué pensás?