DISEÑAR CON EL CORAZÓN

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¿Cómo encontró su vocación Nicolás García Mayor?

Nicolás García Mayor intenta dejar una huella histórica en el diseño industrial argentino que sirva de inspiración para las nuevas generaciones. Quizás su historia personal haya sido el germen de una gran idea, potencialmente revolucionaria para el mundo: CMax System, un refugio móvil para desastres naturales que espera desarrollar próximamente. Nicolás estudió en la Universidad de la Plata, vivió en una sala de radiología de un hospital abandonado porque no tenía ingresos para pagar su alquiler y vivió la crisis del 2001. Contra todos los pronósticos, pudo materializar su idea y hoy recorre el mundo, foros de la ONU y hasta fue recibido por el papa Francisco. Con él reflexionamos sobre los desafíos del mundo que vendrá.

TXT. Antonella Orlando 

¿Cuáles son las herramientas que te dio la carrera para tu desempeño profesional y cuáles tuviste que desarrollar en el camino?

Pasar por la universidad te hace tener una estructura de trabajo, una responsabilidad para cumplir los objetivos, orden, disciplina. Muchos dicen que la universidad te forma, pero para mí te informa y la formación va por tu cuenta. Sos el que tiene que estar consciente de hasta dónde querés llegar. Pase lo que pase, tenés que pensar que si te esforzás, podés lograr tus objetivos. A veces se viven cosas medianamente injustas, pero es lo que pasa en la vida, y hay que sobreponerse. Lo central es aprender con el tiempo y enfrentarte también a la calle, que es mucho más compleja que una universidad. En mi caso, fue enfrentarme con los clientes, emprender un proyecto y generar una organización empresarial.

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¿Cuáles son los desafíos para el diseño industrial nacional?

Primero, que existe el diseño industrial como rama de desarrollo profesional. Es muy difícil, porque no hay un desarrollo industrial consciente y constante. Hay profesionales que se dedican a crear productos a escala industrial, pero no se toma nota de eso. Somos hijos de la frase: “Lo atamos con alambre”, pero la realidad es que hay muchos profesionales capacitados. Tenemos que llegar a tener el prestigio de la arquitectura, la abogacía y la medicina. Tenés que inventar o diseñar algo y la gente no sabe por dónde empezar, pero hay cabezas que hacen cosas importantes y tienen la capacidad para ponerse al hombro todo el proceso.

¿Y a nivel mundial?

El gran tema del futuro es abrazarse a la ecología y al planeta Tierra. Tratar de sacar toda la sabiduría que hay en las poblaciones aborígenes y autóctonas que tienen un conocimiento de la tierra como no tiene nadie, porque ellos son la tierra y se sienten así. Tenemos que aprender a lograr desarrollar sistemas de productos que vuelvan a ella sin afectarla. No deberíamos estar enfocados en el desarrollo para el consumo masivo, sino para un consumo solidario que realmente mejore la calidad de vida de la gente y no genere objetos superfluos. Las futuras generaciones de jóvenes tienen que generar cosas que realmente puedan solucionar los graves problemas que existen en el mundo. Creo que hay esperanza y potencial.

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¿Dónde se debería encender la primera mecha para este cambio?

Es como todo, el respeto hacia los antecesores se puede fomentar en la casa, en la escuela, en todos los ámbitos. Pero la familia es la educación primaria que nadie puede esquivar. Es en ella donde te deben enseñar a respetar a los mayores y a quienes forjaron la inteligencia, que hoy se está perdiendo a nivel de las situaciones aborígenes. Pero eso, tiene que estar seguido también por las empresas y el Estado, por todos.

Un chico de 17 años todavía no sabe qué estudiar o tiene varios gustos y no logra decidirse. ¿Qué preguntas se tiene que hacer?

Muchas veces hay un problema de arranque. Un chico quiere estudiar una carrera o está indeciso entre varias y busca referentes a quienes les haya ido bien económicamente. Y eso no tiene nada que ver con lo que uno puede aportar al campo para el cual se prepare. Centrar nuestra selección en lo económico no está mal, porque necesitamos subsistir, pero no es la decisión final. El amor que vos sientas por tu vocación puede transformar cualquier cosa, y tenés que preguntarte cuál es esa vocación. Luego, estar consciente que harás un sacrificio. Cursar en la facu no es ir a una fiesta un sábado a un boliche. Según cómo te lo tomes, es muy probable cómo te vaya en el futuro. A mí me pasó de ver compañeros que no se lo tomaron tan en serio y no pudieron vivir de eso después. Es una oportunidad única que tenés para adquirir conocimientos y formarte. Además, tenés que ser realmente consciente que de eso vas a comer vos y tu familia. Ni hablar que pasando ese nivel de autosustentación y autorealización podés ayudar al resto. ¡Ahí estamos perfectos! Es un momento de la vida para aprovecharlo y no dejarlo pasar.

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¿Cuáles son tus metas a corto y mediano plazo?

Poner en marcha el sistema de refugiados es una de las metas más grandes de mi vida. Desde el equipo de diseño de ar estudio la idea es seguir progresando y poder desarrollar productos que sean lo más amigables con el medio ambiente, y enfocarnos cada vez más en los que mejoran la calidad de vida. Si bien sería genial diseñar un auto de carrera, lo que me apasiona es construir algo que puede modificar la efectiva calidad de vida de alguien en su ámbito cotidiano. A nivel de la fundación, si bien el lema es “Innovación para la humanidad”, que implica tratar de llevar la creatividad a los sectores más pobres, hoy los esfuerzos tienen que apuntar a los chicos más pequeños y su alimentación. Estamos armando un par de centros integradores para situaciones de desnutrición. El primer centro está en Bahía Blanca y la idea es replicarlo en otros lados, como Guatemala, que es el peor país posicionado a nivel desnutrición en Latinoamérica.

¿Qué te pasa cuando prendés la compu o la tele y ves todo lo que está pasando en Europa con los refugiados? Está tu idea del refugio móvil dando vueltas y pareciera que el presente es ahora…

Siempre te agarra la desesperación. Pero hace 14 años que empecé con esto, y si bien este año impactó la foto del chiquito fallecido en la playa, yo vengo viendo fotos muy tremendas desde hace muchos años y sin que existieran las redes sociales. Además, tenemos que saber que nadie está exento tampoco de pasar por la situación de una catástrofe natural en los próximos años. Pero hay que tener fe y esperanza y no bajar los brazos, aunque no es una tarea fácil armar una fábrica para desarrollar esto. Hoy hay más de 73 millones de refugiados en el mundo, con lo cual hay que armar algo a escala industrial. Pero estamos en el camino y se van abriendo puertas. Este país tiene la capacidad de amar al prójimo y eso hay que usarlo como energía. Y este continente es maravilloso. Me encanta cuando voy a Colombia y Venezuela y veo la alegría y el cariño de la gente, cómo te atiende. Latinoamérica tiene una potencialidad espiritual que puede transformar cualquier cosa. La fuerza de este mundo está en la gente, no en las máquinas. Está todo por hacer. Tenemos que lograr hacer las cosas bien, cuidar el planeta, cuidar nuestros ancestros y a los jóvenes darles la oportunidad de hacer y que aporten su capacidad.

 

Para saber más de los trabajos de Nicolás y sus proyectos en ar estudio visitá: www.arestudio.com.ar