EXÁMENES DE INGRESO: – PRESIÓN + TRANQUILIDAD

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Considerarlo como una etapa de formación

Los casos son variados. Están aquellos que hace tiempo decidieron qué iba a pasar en su futuro universitario y eligieron una orientación escolar acorde, y otros que se sorprendieron al darse cuenta que querían seguir Ingeniería, pero están en una orientación de bachiller. En ambos, la presión trabaja de distintas formas: para el primero, el examen de ingreso es la puerta al camino que está esperando hace mucho, y para el segundo, el examen de ingreso representa un nivel de dificultad al que probablemente no esté acostumbrado.

Independientemente de las causas, este consejo puede funcionar para ambos. Si estás muy ansioso por rendir ese examen que estás esperando hace mucho, tratá de pensarlo como un nivel más de formación en la elección universitaria que hiciste. Por el contrario, si te estás enfrentando con contenidos a los que no estabas habituados, pero puede más la pasión por la vocación que se te despertó hace poco, sabé que de un día para el otro no vas a poder entender todo lo que te están dando en el curso de ingreso. Si sentís que debés posponerlo un llamado y rendirlo más tarde, no te sientas angustiado: cuanto más preparado estés para el momento en que llegue la posibilidad de rendir, mejor.

 

Adquirí nuevos hábitos

En el camino al examen de ingreso (posiblemente ya lo estés experimentando), las vivencias son distintas a las del colegio. Te tratan como un adulto, las decisiones las tenés que tomar vos, y por más que haya fechas límites, profesores, tutores atentos y muchas herramientas de ayuda, el sentarte a estudiar depende exclusivamente de vos. Es sabido que para aquellos que cultivaron buenos hábitos de estudio durante el secundario, les resulta mucho más fácil organizarse para estudiar. Si sos de los que estudiaba dos días antes o le daba más bola a los resúmenes, el panorama acá es distinto. Si te sentís sobrepasado o frustrado, entendé esto: el espacio del curso de ingreso es un gran preámbulo para lo que va a suceder en la universidad. Entonces, ¿qué mejor momento para subir el nivel de responsabilidad? Probar métodos de estudios y darte cuenta que funcionan ya es terreno ganado para cuando ingreses a la carrera. Además, considerá que esta mitad del año que falta pasa rapidísimo, y muchas veces el calendario te sorprende. Estudiar por objetivos, fijarte distintas metas desde las más inmediatas hasta las más lejanas, hacerte un plan personal de estudios y no tenerle vergüenza a la consulta por clases particulares son grandes aliados para llegar al examen más preparado.

 

Date tus espacios

Lo sabemos: prepararte para el examen de ingreso y seguir cursando en el colegio demanda muchísimo tiempo. Sin embargo, también sabemos que los espacios de ocio, de encuentros con amigos y relajación son necesarios para distraerse y desconectar. Si hacés deporte y considerás que debés bajar la frecuencia, hacelo, pero no renuncies a esos momentos de ejercicio y despliegue corporal. Si hacés alguna actividad extracurricular artística, lo mismo: considerá esas dos horas a la semana como un lugar donde la universidad no entra a jugar ningún papel y solamente estás actuando, sacando fotos, bailando.

Otro consejo que viene de la mano de lo que estamos diciendo: no te aísles de tus amigos. “Examen de ingreso” no es sinónimo a “vivir encerrado y no salir un sábado a la noche”. ¿Cuánto más podés adelantar de la materia? ¿Es más valioso que otorgarte un tiempo para un asado o una salida? Por más que sepas que tus amigos te bancan en todas, y van a estar ahí cuando termines de rendir sin importar cuánto hayas colgado, ensimismarse no te permite ver lo que otros están viviendo. Y probablemente exista un amigo tuyo en la misma: a punto de rendir un examen de ingreso y con mucho miedo. Compartir las experiencias es clave para percatarte que las dudas y el cansancio son parte de este momento.

 

Recordar nuestro objetivo principal

El “por qué” y “para qué” estamos haciendo algo siempre nos permite reflexionar. Y en este caso, es clave acordarse la respuesta a esas dos cuestiones. Cuando el miedo y la presión ganan, muchas veces nos olvidamos las razones por las que estamos haciendo lo que estamos haciendo. Clave será entonces recuperar el impulso por esa carrera que deseamos tanto comenzar, por esa profesión que queremos alcanzar. Si en algún momento pensás en bajar los brazos, recordá cuál es tu objetivo principal y pensá en qué pasaría una vez aprobado el examen. Obviamente que percatarse de un cansancio extremo o de una sobreexigencia siempre es necesario. Pero si te das cuenta que está pesando más el temor que otra cosa, escribí en un papel “por qué” y “para qué”.

Y el día del examen…

  • Llegá temprano.
  • No te dejes influenciar por los nervios de los demás y mentalizate positivamente.
  • Si es un examen a desarrollar, en una hoja aparte, hacé un diagrama de los temas que vas a mencionar en cada respuesta.
  • Empezá resolviendo las preguntas o ejercicios más fáciles. Ayudará a ahorrar tiempo y poder utilizar el resto en la resolución de lo más difícil.
  • Apelá a tu capacidad de síntesis: para esto, es importante resumir los temas mientras se los va estudiando.
  • Revisá el examen antes de entregar.
  • No cotejes tus resultados con los de otros compañeros. Eso solo aumentará la ansiedad por saber cómo te fue. Esperá la corrección de los profesores.