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Lucho Porzio: reconectando con nosotros mismos

En su charla en La Usina del Arte, en Experiencia Provocación, dejó conceptos que rompen con
creencias y paradigmas culturales. Contó cuáles son las diferentes inteligencias que existen, cómo
las personas se suelen construir de “afuera hacia adentro” cuando debería ser al revés y la manera
de deshacerse de los pensamientos limitantes.

La cuarentena obligatoria en Argentina comenzó hace tan solo unos días atrás y Luciano Porzio,
coach ontológico y cofundador de “Protagonista de Cambio”, acompañado de una sonrisa que
transmite confianza, se acerca al monitor de su computadora para iniciar un mano a mano con
Provocación.

¿Cómo sentís este momento tan particular que se está viviendo a nivel mundial?

Es un momento de empezar a conectar desde lo más profundo. Estamos viviendo un ajuste que
tenía que darse. Todo en la naturaleza se ajusta. Nuestro cuerpo a través de emociones y
sensaciones corporales como puede ser la fiebre o cualquier dolor del cuerpo y enfermedad, no
son más ni menos que avisos de que algo está mal. Si te quebrás un hueso y no tenés dolor, en un
momento no podrías caminar más. Si bien el dolor no es agradable, es necesario para volver a un
equilibrio. Lo que estamos viviendo como seres humanos no es ni más ni menos que lo que nos
sucede a nivel individual que se replica a nivel planetario. Vivimos un dolor enorme pero por
nuestro propio bien. Estamos volviendo a nuestra casa, volviendo a una manera distinta de
tratarnos, de convivir unos con otros y de escucharnos. Aunque, obviamente, las
señales con las que viene esto no son muy agradables. El ser humano lo puede aprender por las
buenas, entendiendo que nos separamos unos de los otros, o la naturaleza y la vida se encargan
por las no tan buenas como está sucediendo ahora. Vamos a volver a un equilibrio, nos duela
o no. No sabemos cómo va a ser la nueva Tierra, ni que nuevas formas van a emerger pero sí
sabemos que en el paradigma de cual veníamos de separación e insuficiencia no podíamos seguir.

Entonces, ¿se podía prever que algo así podía pasar?

Es que las señales eran más que claras. Ya todos los preveían. Si revisamos, nos damos cuenta que
en el mundo algo andaba mal. Arrasamos nuestros bosques, las especies, las montañas… Hay una
voracidad por más y más que fue haciendo que el ser humano se perdiera. Los adolescentes están
como perdidos, no saben de dónde agarrarse. Están habitando un mundo que está dejando de
existir, con algunos adultos que viven la vida sin pasión o entusiasmo. Nosotros desde
“Protagonistas de Cambio” hacemos una invitación para que, tengas la edad que tengas, vuelvas a
encontrar tu esencia primordial, nuestra majestuosidad. Cada persona viene con un regalo al
mundo. Venimos acompañados de un montón de dones y un montón de talentos que estamos
destinados a descubrir y llevar a la práctica.

¿A qué se debe que algunas personas no logran descubrir sus talentos?

El gran problema es que muchos no saben ni siquiera que tienen esos talentos o no lo ven como
talento, por ejemplo: su sensibilidad, capacidad de conectar con el otro, su conexión con la
Tierra… Hay muchos seres humanos que vienen con sensibilidad para la música, el arte, la danza,
pero después escuchan a los adultos que les dicen que con eso se van a morir de hambre y el
adolescente se ve condicionado y decide seguir otra carrera. Ahí comienza el olvido de la esencia
que, a la larga, termina en tristeza, vacío, soledad… Emociones que indican que algo está mal y que
hay que volver a escucharse a uno mismo, a reconectar. El gran tema es que el ser humano no
sabe de qué manera puede volver a reconectar. Ahí nace el coaching, un espacio de introspección
muy amorosa, respetuosa y compasiva.

En tu charla en Experiencia Provocación hablaste de “educar con alma”, ¿qué significa?

Nosotros aprendimos a aprender en un modelo que nos llevó a la mente, la razón y las
explicaciones. La mayoría nos mandó a leer libros y repetir. No nos enseñaron a desafiar lo escrito,
dar nuestra opinión, juzgar y entender desde nuestra óptica si tiene lógica. Mientras más repitas lo
que lees, más inteligente sos. Nosotros como chicos y adolescentes nos creímos eso y en realidad,
desde ese formato, se nos olvidó habernos enseñado lo que yo creo que es lo que más queda en el
ser, que es el abordaje emocional o aprendizaje con alma. El abordaje educativo con alma
implicaría, por ejemplo, que a la hora de aprender historia, el profe te mande a leer un libro pero,
al momento de estar en la clase, trate de sumergirte en el alma de los criollos que defendieron la
patria. Que nos lleven a entender qué sentían los criollos en esa época a la hora de vivir la
independencia, por ejemplo. Nuestro amor por la patria, aprendiendo de esa manera, sería muy
distinto. Y así sucede con las demás disciplinas.

¿Creés que en muchos casos nos enseñan a través del miedo?

Yo creo que, al igual que muchas estructuras, pertenece a un mundo que está dejando de existir.
Son todas construcciones que nos sirvieron para una humanidad del pasado, aunque en algunos
aspectos es necesario el miedo. Lo mismo sucede con la educación, era necesaria la educación de
esa forma. El tema es que hoy nos enfrentamos a un nuevo mundo y una humanidad en donde los
antiguos paradigmas no se están haciendo cargo de los nuevos desafíos a los que nos estamos
enfrentando. Tenemos que construir una nueva forma. En lugar de habitar el temor o la separación, tenemos integrar, construir y generar pasión y entusiasmo. El temor siempre va a
estar, obviamente, pero sí podemos mirar al miedo y enfrentarlo eligiendo qué queremos ser. Lo
que está dejando de existir tiene que ver con toda una manera de habitar el mundo, de tratarnos y
coexistir. Le estamos dando la bienvenida a una educación que contempla el mundo emocional.

¿Cómo hacemos para cambiar las creencias con las que ya estamos programados?

El cambio es de adentro hacia afuera, empezando a establecer las creencias necesarias para
realizar acciones que te lleven a resultados extraordinarios. Nace de la convicción interior y las
creencias individuales. Uno diría que es fácil decirlo pero difícil hacerlo. Hay que entender que no
va a pasar de un día para el otro, pero sí va a pasar de un día para el otro que vos plantes la
semilla. Se hace a través del lenguaje, nace la declaración, y para eso tenemos afirmaciones. La
primera invitación que le haría al lector es a empezar a revisar sus propias creencias. Que se
pregunte qué aprendió y qué se cree que es. Cuáles fueron las creencias heredaras de sus padres y
de la educación.

En tu caso personal, ¿tuviste que cambiar alguna creencia?

A mí siempre me acompaño la de creer que la vida es una lucha. Que tengo que luchar para tener
resultados. Uno puede creer que a simple vista es algo obvio, pero no tanto. Toda lucha incluye
daño. Podés ser un guerrero espectacular pero si estas programado para luchar, como en toda
batalla, vas a salir lastimado. Vas a conseguir un montón de cosas pero a un costo enorme, que es
lo que me pasó a mí. Vos podes entenderte como un luchador y está bien, siempre y cuando estés
disfrutando de la vida y viviendo en paz. ¿Cuándo hay que revisar la creencia? Cuando hay un
punto emocional que te está diciendo que por ahí no es. La angustia, miedo, preocupación,
ansiedad… Ese es el momento de empezar el proceso de reconocimiento. Lo mágico que tiene el
coaching ontológico es ver cómo las personas logran transformaciones.

¿Cómo fue que descubriste el mundo del coaching y te diste cuenta que ahí estaba tu vocación?

Hasta los 17 quería ser médico, me gustaba la idea de sanar. En quinto año tuve una crisis familiar
con mis padres que se separaron y hubo una crisis económica. Ahí se me llenó la cabeza de
preguntas. Hablé con un tío que me dijo que iba a morirme de hambre estudiando medicina, así
que decidí entrar a trabajar a un banco como cadete y más tarde empecé a estudiar finanzas y
comencé mi vida financista. Un día conocí el coaching, hice un curso, y me llevó a mucha
introspección. Descubrí un espacio de liberación y una manera distinta de aprender. Sentí que era
algo que tenía que conocer el mundo. En una clase le dije al profesor que me iba a dedicar a esto,
que había venido al mundo para hacer esto y lo decreté así.

¿Qué mensaje podés dejarle al adolescente que aún está en búsqueda de descubrir su vocación?

Que se pregunten qué harían si el dinero no fuera un problema. A mí me hicieron esa pregunta y
entendí que mi pasión pasa por ayudar al otro a sacar su mejor versión. Además, pregúntese en
qué se consideran buenos y, si no saben bien la respuesta, que se los diga sus seres más cercanos.
Entendiendo esos puntos, van a estar más cerca de entender para qué vinieron al mundo.

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