Marou Rivero – Conexión y encuentro en las redes

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Vivió en Córdoba desde los siete a los 24 años hasta que, luego de algunos intentos, se animó a la gran ciudad de Buenos Aires que hoy recorre con creatividad y alegría. Apasionada del cine, estudió sociología. Se crió conociendo el mundo detrás de una vidriera de shopping, y hoy se convirtió en una de las blogueras de moda más populares del país. Hermana de Calu Rivero, con quien “es muy parecida, pero cada una mira desde su lugar”, logró marcar su propio camino a través de las redes sociales. Amante de crear hashtags “para que la gente se sienta identificada”, tiene miles (pero en serio miles) de seguidores en sus cuentas. Redefinió la forma de usar las nuevas tecnologías para hablar de moda y de lo que ocurre en el día a día. Su fanatismo por la artista Yayoi Kusama, más un tatuaje en común en la familia y una canción de Gustavo Cerati, la definieron como “la Chica Lunar”. Antes de emprender su viaje a Barcelona para seguir habitando la moda del otro lado del océano, conversamos con la siempre sonriente Marou Rivero.

Por: Tais Gadea Lara – Fotos: Pablo Genovesio

 

Sos blogger, influencer, ¿cómo te definís vos?

Las palabras que más me definen hoy son observadora participante. Tengo una formación sociológica que cuando estudié en la facultad ni sabía que iba a trabajar de esto. Es más, cuando estudiaba, ni sabía de qué iba a trabajar porque yo lo hacía porque me gustaba el cine y me servía como contexto para contar historias. Escribí mucho tiempo sobre moda en una revista de Córdoba y cuando vine a Buenos Aires muté a lo digital, a un blog. Me transformé en bloguera porque la tecnología me lo permitió. Cuando decidí hacer foco en redes sociales, me pusieron la corona de “influencer”. Los medios cambian y lo que atraviesa a todo eso es que soy observadora participante. Me gusta observar y también transformar el entorno donde estoy. No puedo solamente tener una mirada objetiva y distante de las cosas, me gusta involucrarme; hablo de lo que conozco y de lo que me interesa conocer. Escribo de lo que viví.

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¿Estabas muy decidida en querer estudiar Sociología?

En el último año del colegio tuve Sociología y fue una materia que, además de hacerla de taquito, la daba un profesor filósofo de una forma increíble. Daniel Salzano era un autodidacta y escribía una columna los sábados en el diario La Voz de Córdoba, una suerte de crónicas sobre lo que había pasado en la política durante la semana mezclándolo con películas. ¡Me encantaba! Es decir, si había algo que yo quería hacer en mi vida, era eso. Tuve la suerte de tomar un café con él y le conté que me gustaba la carrera de cine, pero la dirección me daba un poco de miedo. Medir la luz o hacer la toma en verdad me distraía del objetivo que era la historia. Me dijo unas palabras que siempre recuerdo: “El cine se mama”. Es decir, el cine es lo que ves, lo que vos consumís, lo que vos tengas ganas de hacer con eso. Me recomendó estudiar sociología por ser una carrera completa. Es cierto que nadie me advirtió que iba a hacer completamente larga (risas). No me animé a venir a Buenos Aires en su momento, así que estudié en una universidad privada de Córdoba. Creo que eso afectó la forma en la que yo comprendí hoy mi trabajo y puedo hacer lo que hago de mezclar esos dos mundos que son más el conceptual y el interpretativo, crítico. Tomé clases con compañeros de otras carreras, lo cual me pareció increíble porque, por ejemplo, hice Estadística con gente que la usaba para cosas totalmente distintas que yo. A lo largo de la carrera, nunca me replanteé si tenía que estudiar otra cosa porque siento que toda la formación que tengo hace a una mirada subjetiva de la cual yo me hago cargo, que es de dónde vengo.

¿Cómo aplicás esos conocimientos de Sociología a lo que hacés hoy?

Desde que me pusieron el título y asumí que era bloguera, siempre es mi mirada sobre el mundo. De repente, la gente me empezó a decir “vos tenés una mirada sociológica, se nota”. Las cosas que vos estudiás, tu formación, siempre están ahí. Hay carreras que son muy obvias y hasta ahí porque hoy ves arquitectos que terminan siendo diseñadores y abogados que terminan trabajando como actores, y no entendés cómo la formación terminó activando cosas tuyas. En mi caso, lo más sociológico es pensar en las personas que hay detrás de cada prenda, de cada objeto. Mi mamá trabajaba en un shopping y supo que hay personas que hacen que todo ese mundo suceda, que las marcas de ropa tienen procesos, que hay gente involucrada más allá de generar ventas. Lo viví de cerca y tengo registro de eso. Hay un montón de variables que determinan las tendencias, no sólo la mirada de un diseñador. La moda como lenguaje lo aprende todo el mundo porque es lo que te enseñan en la universidad como diseñadora, pero qué dice eso, cómo interpretarlo, qué puede entender quien lo viste, registrar eso, contarlo, es otra cosa. Si hay algo que aprendí de la sociología es que tus decisiones no son aleatorias, sino que dependen de todas las variables que te componen: tu familia, tu poder adquisitivo, el lugar donde naciste, la ambición que tienen tus padres, los amigos que te hacés en la vida. Por eso siempre supe que tenía que ser lo más auténtica y que, si se me iba a valorar en algún trabajo, tenía que ser por mi mirada: subjetiva, pero alegre, constructiva, enfocada en quien hace las cosas y no las cosas en sí misma.

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¿Por eso “la moda que habito”?

La moda que habito fue ponerle nombre a mi vínculo con la industria: yo la tomo, la habito, la hago mía. Además de decirle al mundo quiénes somos, las prendas son un lugar de protección, de cuidado, o por lo menos para eso fueron creadas. Venimos de años de exigirle a una prenda que “nos haga más linda, más alta, más flaca” cuando en realidad la que tiene que ajustar el ojo soy yo, yo soy esto y la prenda me va a quedar de una forma porque así soy yo. Implica también amigarnos con nosotros mismos. La prenda es una herramienta de empoderamiento, como puede ser tu teléfono para conectarte con el mundo o tu computadora para escribir una idea. No es el fin, es un medio. Venimos de generaciones que nos dicen “dress for success” (vestirse para el éxito), cuando el éxito está en tu cabeza. Entender eso es donde yo aplico mi sociología. Cuando me preguntan “qué estudiaste y cómo vivís de eso”, no hay una línea perfecta de unión. En Humanidades, en general, no funciona así.

Te estás formando en sustentabilidad y la moda es una industria con un impacto negativo en el ambiente y condiciones de trabajo ya conocido, ¿te despierta un especial interés acá en Argentina?

Empecé a formarme en esto porque lo único que sabía de sustentabilidad tenía que ver con basura y talleres clandestinos, que es lo que se escucha o sabe. Es muy importante para mí saber de lo que hablo. Escribí antes a partir de los casos de sustentabilidad que se conocen, investigué online, pero siento que recién ahora estoy teniendo las herramientas para poder hablar. Mi tesis de grado fue sobre Responsabilidad Social Empresaria (RSE) en el mundo de la moda, pero la RSE es sólo una cara de la sustentabilidad. Empecé a trabajar en moda sabiendo que, mínimo, tenías que ser responsable como empresa, pero de ahí a todo lo que conlleva la sustentabilidad y cuál es el escenario hoy, es un camino enorme. Formarme es tener crédito o una espalda para hablar. Siempre pensé en el futuro de la moda como la artesanalidad y eso es una pata de la sustentabilidad.

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En relación con eso, a veces parece que “para estará a la moda” hay que comprar y comprar, ¿sos de consumir mucho?

Creo que ese paradigma va a cambiar. Internet nos dejó en claro que en la moda nada se pierde, todo está todo el tiempo. Las personas que estaban en el epicentro de la moda lo sabían, pero difundir eso no era muy viable. Hoy hay otro vínculo con la realidad a través de la moda, hoy se habla de estilo, no de moda. Sí creo que se habla de consumo; junto con los celulares, es la industria que más cambia al año, también se está redefiniendo mucho de qué va ahora. En mi caso, tengo vínculo comercial con marcas por lo que tengo acceso a sus prendas y me compro cosas que me gustan mucho, que son únicas. Consumo más experiencias como ir de viaje o asistir a un show. Tengo fuerte apego a las cosas que tengo, y eso es más difícil que consumir.

¿Alguna vestimenta favorita?

El look monocromo, en cualquier color. Es mi manera más fácil de vestirme.

Tenés miles de seguidores en Facebook, Instagram, Twitter, ¿qué tienen de bueno las redes sociales?

Algo que me pasó a mí cuando empecé el blog, y que hoy en las redes está multiplicado, triplicado, es el link directo. Yo le escribí un mail a los diseñadores que quería entrevistar y me respondió alguien. Es decir, hay alguien detrás de esa red. Las redes necesitan tanto de lo genuino que los robots que te respondían los mensajes automáticos de atención al cliente del 2000 ya no existen más, hoy se necesita de alguien que sepa de lo que está hablando. Conectarse con alguien del otro lado del mundo que le guste lo mismo que a vos, me parece alucinante. La movilidad social que generan es fuertísima.

¿Y lo malo?

A veces lo veo en mí y no puedo creer haber llegado a ese nivel: se vuelven algo de vida o muerte. Perdés registro completo con otras cosas de la vida. Por ejemplo, te quedaste sin batería y parece el fin del mundo, y en realidad hay tantas cosas más graves. Siento que se pierde relevancia de la vida. No voy a juzgar nunca si es más o menos inteligente leer un libro o buscar Pokemones, pero sí creo que estar todo el día conectado te hace perder registro de lo que realmente importa. No digo que no importe, sino que hay cosas que se desvirtúan.

¿Un consejo para los lectores?

Todo es conocimiento. No subestimen el poder que tiene una experiencia, por más mínima que sea, para transformarse en conocimiento. Ya no se trata de pensar en qué querés hacer de tu futuro sino de cómo querés ver hoy el mundo, qué prisma querés desarrollar en tu vida para leer el mundo. Hay cosas que se van redefiniendo sobre la marcha, que hace tres años no existían y hoy existen, y otras que se modificarán en el futuro, pero lo que no cambia es ese ojo con el que vos mirás. Y ese es el ojo que tenés que cultivar.

 

SUS REDES SOCIALES… EN NÚMEROS

(O al menos así estaban cuando escribimos esta nota, ¿cómo estarán ahora?)

29.316 me gusta en su Fanpage de Facebook

82.000 seguidores en Instagram

25.200 seguidores en Twitter

 

 

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