Milo Lockett, arte que transforma

milo lockett

¿Cómo encontró su vocación Milo Lockett?

Un revolucionario de la industria, un creativo incansable, un artista reconocido por su labor solidaria, Milo Lockett es contundente a la hora de definir el arte y sus posibilidades para una mejora social. En una charla amena y sin prejuicios, nos revela el verdadero sentido que un cuadro puede tener  en el camino hacia una sociedad mejor.

 Gentileza Revista ECOMANIA ecomania.org

¿Por qué decidiste dejar la industria textil y pasarte al arte plástico?

Yo quería fabricar, logré armar una industria en un momento que era desastroso para la economía del país y me fundí trabajando. Lo único que tuve en ese momento para hacer era la pintura. Era lo único tangible, no era una esperanza ni un sueño, era algo concreto. Después, sin querer, se convirtió en una carrera, en mi medio de vida y pude comenzar a vivir del arte.

¿Sentís que hoy te inspira lo mismo que en aquellos comienzos?

Tengo una discrepancia con la inspiración. No creo en la inspiración del artista o, por lo menos, a mí no me pasa. Me gusta apostar mucho al trabajo. Si uno tiene un trabajo de búsqueda, no importa el horario en que lo haga, en algún momento aparece la obra o parte de ella. De cada acción que uno hace, de cada intención de pintar, surge algo que va a marcar el camino a seguir. Pero para eso hay que trabajar mucho buscando y, a lo mejor, con resultados negativos. La mayoría de mis obras son desaciertos.

¿Por qué?

Porque voy respetando la intuición de lo que sale. No soy estructurado. Siempre trato de ser positivo con lo que aparece y encontrarle el mejor lugar. Nunca arranco el día pensando “hoy voy a pintar una obra de arte”. 

Decís que sos una persona práctica y de acción. ¿Eso explica tu constante aporte solidario?

El arte me permitió dar cuenta de que desde mi trabajo podía ayudar a otros. Desde un cuadro, que me parece un objeto vanidoso, decorativo, y en muchas ocasiones inútil, se puede, sin embargo, modificar la vida de las personas. Cuando el arte se convierte en algo útil, concreto, que puede servir, es maravilloso. 

¿Creés que el arte sigue siendo muy elitista?

El problema del arte es que no se baja a la práctica. Es más interesante cuando el arte se acomoda a la gente, cuando es más participativo, cuando incluye. En ese lugar me gusta más el arte.  Tiene que servir para comunicar, para hablar, para establecer un diálogo con las personas y entre las personas. 

¿Qué mensajes buscás comunicar a través de tus obras?

En verdad, yo no pinto con mensajes. Son cuadros alegres, simples. El arte se fue modificando y uno también. Hoy el espectador cumple un rol dentro de la obra. Antes el artista decía “esto es un televisor” y hoy eso está abierto. Yo pinto un televisor y quizás vos decís “esto es un perro” y, si vos pensás que es un perro, es un perro. No está determinado que el artista es el último que tiene la palabra. Hoy el espectador tiene la posibilidad de terminar lo que uno hace. Como artista, disfruto cuando la gente ve otra cosa que yo no veo, porque lo trato de absorber y aprender del otro.

¿Creés que entonces el mensaje iría más allá de la obra?

Creo que pasaría por modificar conductas. Es muy difícil que una persona de 45 años cambie, pero puede modificar una conducta: puede ser menos egoísta o más sensible.

¿Vos cambiaste algunas conductas?

Sí, soy menos egoísta y más solidario. Trato de ser lo más sencillo y sensible posible. Me propongo ayudar, tener buenas intenciones, ser feliz y decir la verdad. Lo puedo hacer bien o mal, pero lo más maravilloso es que podés elegir. Hemos perdido la capacidad de darle valor a las palabras porque no las practicamos. Cuando uno dice algo, lo tiene que sostener con una estructura. Me gusta que la gente se de cuenta que puede elegir. Porque todo se puede modificar.

¿Por dónde creés que pasa hoy la transgresión?

Por ser coherente. La coherencia es un bien escaso que no solo debemos aplicar al mundo del arte sino a la vida. Levantarte y ser feliz porque tenés una ocupación, porque podés ayudar. Yo soy una persona muy chinchuda y trabajo para modificar esa conducta.  Aprendí a hacerlo porque no está bien que un chico de cinco años me mire y yo salte por la ventana, por ejemplo.

¿Sentís el peso de ser una persona famosa?

Soy muy responsable de mis actos y no porque tenga hijos adolescentes, sino porque pienso en toda esa otra gente que te mira e idealiza. Soy una persona grande y sí puedo hacer cualquier cosa, pero hay una persona que te mira y piensa que ese el camino. Ahí es donde yo soy responsable, ahí es donde puedo y debo demostrar coherencia entre lo que digo y lo que hago.

Tus acciones solidarias están vinculadas a niños que necesitan mejoras en sus condiciones de vida. ¿Cómo crees que el arte puede incidir en ellos?

Lo bueno del arte es que nos iguala a todos. Frente a una obra de arte, todos somos iguales. Cambia la mirada, pero no hay condición social. El arte incluye, asocia, establece vínculos y cambia la vida de las personas. Si tenemos una infancia en la que nos acercamos a la música, el teatro, el cine, la lectura, desarrollamos más la sensibilidad. Es muy común escuchar que una persona “es sensible”. Creo que la sensibilidad se practica. Si un niño crece más cerca del arte, su sensibilidad no es mejor ni peor, es distinta. Tenemos a un ser humano distinto que crece con otra intención.

¿Considerás que el hecho de venir del Chaco a instalarte en el medio de la ciudad te hizo involucrar más con la necesidad de cambio?

Los argentinos somos una sociedad muy solidaria ante la desgracia, necesitamos del sufrimiento extremo para conmovernos con el otro. Pero después nos cuesta mucho ser solidarios en la práctica cotidiana, como ayudar a una persona ciega a cruzar la calle o darle el asiento a una mujer embarazada en el colectivo. Desde hace unos años me pregunto “¿Qué es la sensibilidad?”, y todavía no le encontré una respuesta. Pero sí sé que es una palabra clave en este momento, no solo para el arte, sino también para la forma que uno tiene de vivir.

¿Qué te produce la situación actual de desmonte en el Chaco?

Me genera mucha angustia, pero me es muy difícil ordenar un pensamiento respecto de un lugar donde aún hay tanta necesidad. El desorden a nivel nacional parte desde la justicia. Nadie va preso por más que el daño ecológico, ambiental o social sea tremendo. Soy una persona a la que le gusta hacer, no tengo tanto conflicto con lo que ya está mal hecho sino con lo que no se hace.

Hace unos años participé de la construcción de una escuela toba con varios artistas y representantes del gobierno y yo tenía diferencias políticas con todos. Pero tengo esa capacidad de dejar de lado ese diferencial porque había una acción buena detrás, que tiene que ver con el Estado, no con el partido político. Tenemos que entender que el Estado nos involucra a todos como sociedad y todos somos responsables por él.

¿Qué herencia les estamos dejando a los chicos como sociedad?

Cuando se habla de la conducción política, el imaginario colectivo lo asocia a la corrupción y entonces hay que elegir el camino corto para ser exitoso. Es decir, no importa de dónde sale la plata, sino que lo importante es la plata. Pero tengo la esperanza de que esto se va a modificar. Ya hoy la juventud es más sensible, más humanista. Soy un tipo optimista y me levanto pensando que nadie va a tener hambre, que nadie va a sufrir frío y que todos los chicos podrán ir a la escuela. Es un plan y los planes empiezan en la casa de cada uno.