¿“Tener que estudiar” o “querer estudiar”?

Recién arranca el año y posiblemente seas de los indecisos que aún no sabe qué carrera universitaria elegirá. Además, en estos meses se te junta todo: el cansancio y el entusiasmo por el último año, la ansiedad, los comentarios de familiares y amigos que están igual o más expectantes que vos. La hoja del calendario de diciembre parece ser la que marca el cambio de tu vida y hoy te preguntás: “¿Qué tengo que estudiar?”. Para hacer el proceso más copado y más personal, sería mejor preguntarse: “¿Qué quiero estudiar?” “¿Cómo identifico mis deseos?”.

Por Antonella Orlando

En el diccionario “tener” y “querer” tienen significados muy distintos. El primero, apunta al deber y el segundo al deseo. Seguramente pensás que la vida “adulta” está llena de deberes y probablemente de eso se trate la universidad y la elección de la carrera. Además, el “tener” muchas veces pone presión: te fija un deadline determinado; hasta acá hay tiempo para decidir, más allá no. Pero, ¿y dónde queda lo que uno quiere? Ante las exigencias del último año, muchas veces es difícil recordar que ir a la universidad no se trata de imposiciones, decisiones forzadas o darle importancia a prioridades que no son las tuyas, y son más de tu entorno.

Podríamos identificar con el “tener que estudiar” muchas de estas situaciones (que posiblemente estés viviendo o viven tus compañeros de curso): tenés que estudiar una carrera que sea redituable económicamente, tenés que seguir un legado familiar, tenés que decidirte lo más prontamente posible para empezar el año que viene y no darte un “año sabático”, tenés que ser realista a la hora de elegir tu futuro, etc, etc.

Si bien en el futuro profesional siempre hay que contemplar las salidas laborales, probablemente tu cabeza esté yendo y viniendo entre dos carreras o dos campos distintos: uno que sabés que ciertamente te dará rédito económico y otro que está más vinculado con lo que te ves haciendo. Pero, ¿cuántas veces escuchaste “hay que estudiar lo que te va a hacer feliz”? Entonces, hay que arrancar pensando de manera diferente: sería bueno que primero en la lista de prioridades figuren las cosas que querés para tu futuro. Estas siempre van a estar emparentadas con la noción de felicidad que tengas. Un ejercicio bueno (por más que nadie tenga la bola de cristal) es imaginarte recibido: ¿qué te ves haciendo?, ¿te ves dedicándole gran parte de tu vida a cuál de todas las carreras? Obviamente, no somos ingenuos: el dinero también cuenta en la ecuación, porque con él vas a poder vivir, cumplir otros sueños que tengas, realizar proyectos, etc. Sin embargo, tal vez la mejor forma de identificar el “querer estudiar”, sin dejar de lado la sustentabilidad económica, es tener en cuenta qué orientación o trabajo dentro del campo que a vos te apasiona tiene actualmente más futuro o salida laboral. Por ejemplo: si te encanta dibujar pero pensás que no va a ser redituable estudiarlo como carrera, estaría bueno que tengas presente que hoy en día muchos dibujantes son convocados por empresas de videojuegos para trabajar en el área de desarrollo artístico. Y las empresas de videojuegos son una de las industrias culturales que más crecieron en los últimos tiempos.

Lo mismo pasa con la historia familiar que muchas veces hay detrás. Hay casos en los que los afectos se terminan confundiendo con tu futuro. El simple hecho que tengas recuerdos hermosos con tu abuelo en su consultorio o con tu papá ayudándolo en su trabajo, no significa que estés predestinado a hacer exactamente lo mismo. Muchas veces el legado familiar forma parte de una etapa de tu vida, que disfrutaste seguramente, pero que no necesariamente tiene que ser tu destino. Si tenés miedo de contarle a tus papás que no querés ser abogado por más que tu historia familiar dicte “tenés que serlo”, ¡sacátelo! Ellos también fueron adolescentes y tuvieron sus sueños, sus hobbies y sus ganas de hacer miles de cosas. Si les explicás tu decisión, seguramente te van a comprender más de lo que pensás. Lo más importante es que construyas tu futuro y le des para adelante, estudiando lo que sea.

Otra frase muy conocida es “tenés que ser realista”. ¿Y cuán más realista podrías ser si identificás lo que querés por sobre lo que debés hacer? ¿Te imaginás estudiando todas las semanas por cinco años una carrera que no te termina de convencer? Por más que digan lo que digan, por más que sea pública o privada, una licenciatura o una tecnicatura, a la universidad vas a ir vos y nadie más. Serás el que le pondrá el cuerpo y la mente a las horas de cursada, el que relegará findes con amigos por libros de una materia. Entonces, ser realistas no está vinculado en nada con el “tener” sino con el “querer”. Haciendo lo que quieras vas a estar más contento que haciendo algo que debas. Y el esfuerzo lo harás con muchas más ganas.

A fin de cuentas, elegir una carrera se trata de asumir un compromiso con vos mismo: ¿estás siendo leal a lo que te dicta tu interior?, ¿te sentís identificado con la carrera que estás eligiendo? Acordate que el famoso refrán dice: “Querer es poder” y no “Tener es poder”. Si sos honesto con vos mismo por más dificultades que surjan, exámenes dificiles, momentos de duda, vas a poder seguir adelante en la universidad porque elegiste lo que querías y no lo que debías.